Siete de enero

DSC_0467Hoy por la mañana  he decidido colgar en este blog las fotos de los paisajes que he retratado entre Bahir Dar y Gondar y que no pude colgarlos por falta de espacio.  Tenían que competir con la aldea de Tis Abay y con las cataratas del Nilo.  Son paisajes de los valles del norte de Etiopía donde el clima es más caliente y más húmedo.  Son de los valles que hay que recorrer entre Gondar y Bahir Dar, insisto.  Porque el cooperante dice que debo de poner los de las montañas de los babuinos que estos parecen de Castilla.  Y yo creo que no, que no tiene nada que ver con Castilla.  No es por usar un tópico, pero el paisaje castellano es mucho más sobrio, muchísimo mas.  Y  la distancia de Bahir Dar a Gondar es 180 kilómetros, que no es tan poco.  Y las montañas de los babuinos, que son decenas y decenas de kilómetros de montañas ya los pusimos hace tres días.DSC_0240DSC_0250

A las fotos les falta nitidez.  Están hechas desde la furgoneta en la que viajamos, esa en la que íbamos 19 en nueve plazas,  y a través de los cristales sucios de la ventanilla que no se podía abrir.  Limpié los cristales lo que pude con la manga de mi cazadora.  Creo que valió la pena y espero que la porquería que se llevó le salga en uno o dos lavados.  Es posible que os parezcan unos  paisajes demasiado dulces, demasiado suaves, demasiado acaramelados.  Debe ser por la luz a esa hora de la mañana.  Viendo estos paisajes reconoceréis que Etiopía es un país precioso al que vale la pena venir. Un país al que se debería declarar Patrimonio de la Humanidad.  Para preservarlo.  Y esa paz que trasciende de las fotos es la que se respira aquí.  Ignoro los datos de criminalidad de este país y posiblemente no sea muy bajo, dadas las carencias existentes, pero la sensación que te da la calle es de total tranquilidad.DSC_0258DSC_0265

En Etiopía los cristianos celebran hoy su Navidad.  Las carnicerías que normalmente tienen una única pieza colgada, hoy no tenían ganchos suficientes para exponer las cabras y corderos que habían sacrificado.  Me imagino que de acuerdo con las normas del islán, aunque solo sea para no perder clientes, pues este barrio, Sabateña, es un barrio de mayoría musulmana.  Y es ha sido una de las razones por las que no pude colgar la página del día seis hasta media mañana.  Los cíber estaban cerrados.DSC_0381DSC_0466

Y esta noche llovió.  Sorprendente.  Veníamos del norte, donde te tenías que poner un jersey o una cazadora por la noche, y al salir del avión, ya nos encontramos metidos en un empalagoso calor  de mas de treinta grados.  Pero se agradecía.  Está bien esto de estar en camiseta día y noche.DSC_0359DSC_0380DSC_0386

Dormí con la ventana abierta a pesar de la amenaza de los mosquitos.  Es difícil que me piquen.  Debo de tener mala sangre porque no suelen picarme los bichos. Bueno, no hace mucho limpiando un beiral en Meis me pico una avispa en la cabeza que me tiró al suelo.  Parece exagerado pero es que estaba yo en muy mala postura y el picotazo acabó por desequilibrarme. Pues esta noche llovió.  Serían las dos o las tres cuando me despertó la lluvia.  Tardé un tiempo en asimilar los ruidos, pero me parecía que llovía.  Me asomé a la ventana y, por un momento, creí que el guarda de noche se estaba duchando.  Esto solo se puede pensar cuando se buscan causas sorprendentes. Y enseguida vi como brotaba el agua por un desagüe del tejado.  Estaba lloviendo.  Increible.DSC_0395DSC_0413

Por la mañana fue el primer comentario que le hice al cooperante que lo puso en duda.  Corrió las cortinas y vio que lucía el sol como siempre, pero el suelo todavía no estaba seco.  El segundo fue, no hay luz. Y estuvimos sin ella hasta las siete de la tarde.  Cuando volvió ya era noche cerrada desde hacía una hora.  Y la gente del barrio, de nuestro barrio, la recibió con algarabía.  Caramba, que palabra, algarabía.  Digamos que con alboroto.  Tenéis que situaros.  En los barrios solo hay luz en las calles principales.  Es decir, en el tres o el cinco por ciento que es donde están la mayoría de los bares, de los pequeños ultramarinos, de los ciber y de las mujeres que se ponen en el suelo a cocinar por la mañana las tortas y por las noches unas especies de empanadillas rellenas de lentejas o de patatas que están muy buenas,  y en ocasiones unas bolas de masa con unas bolitas negras dulces por dentro y también una especie de donuts grandes y grasientos.  En las calles que no hay luz pública nos guiamos por la luminosidad que asoma de las casas por encima de los muros de cada parcela.  Te acabas acostumbrando.    Y esto es en una ciudad de trescientos mil habitantes.  Como Vigo.   Os imagináis en Vigo andar por las calles sin luz.  Nos daría miedo.  Y aquí andamos a oscuras sin saber con quien te estás cruzando, y tienes un 80% de posibilidades de que sea un habitante de las chabolas, una persona que no tendrá donde dormir ni que cenar esta misma noche.  Y lo último que se te ocurre es pensar que es una persona peligrosa, porque no lo es. DSC_0431DSC_0453

Hay dos cosas que necesito aclararos.  Los barrios son como tabletas de chocolate con las onzas rectangulares.  En cada onza hay varias parcelas y todas las parcelas están cerradas por un muro alto, de unos tres metros, con un portalón de entrada de coches. La vida se hace hacia el interior, a la calle no dan ventanas, solo un muro corrido con una sola puerta.  En algunos casos se abre una ventana en el muro exterior, y esa ventana es una tienda, es escaparate y mostrador a la vez.  En nuestra calle hay dos así,  uno vende CDs y vídeos y en la ventana de enfrente hay un ultramarinos.  Lo curioso es que dentro de cada parcela puede haber un buen chalet estilo europeo o una chabola o un taller de chapa. En una misma calle puede haber una mezcla total de todos los niveles económicos de la ciudad.  Los ricos se delatan por las medidas de seguridad extra que se toman.  Esa es la segunda aclaración, que en una misma calle convivimos los mas afortunados con los mas desafortunados.DSC_0457DSC_0461La falta de luz eléctrica durante todo el día nos causó algún pequeño problema, se quedaron sin batería los teléfonos y los ordenadores.  Y para pasar los datos al blog tuvimos que irnos a un hotel, al Selam Hotel, que acabó desplazando al Triancle Hotel, en nuestra lista de favoritos.  Incluso hoy nos quedamos a comer en el Selam y comimos bien dentro de lo que cabe.  El pan era de molde y de postre tan solo había helado y pedimos uno que acabamos probando los tres.  Después de la comida yo me quedé solo para aprovechar la wifi e ir subiendo algunas fotos, pero a la media hora se vino abajo la conexión y ya no se recuperó en todo el día.  Yo sospecho que lo apagan, porque siempre se corta la conexión por las tardes.  Sin Wifi ya no hacía nada en el hotel y me vine andando hasta casa, uno cuatro o cinco kilómetros que se andan muy bien, si no tienes prisa, como es mi caso últimamente.  Paseo que aproveché para venir haciendo unas fotos.  Las de los muros cerrando las casas,  las de unos niños compartiendo un triciclo roto y las de tres niñas que estaban por el barrio, para que veáis que no todos son musulmanes ni todos pobres.  La de los niños con el juguete roto,  cuando la estaba haciendo pensaba en el bazar que para ellos solos tuvieron mis nietos ayer mismo.   Para tomar nota.DSC_0505DSC_0492DSC_0518DSC_0472

Veintiseis de diciembre

DSC_0117Ya no iremos en coche a las fuentes del Nilo, para tranquilidad de Carme que tan arriesgado le parecía. Cogeremos dos aviones y nos buscaremos la vida para el último tramo del viaje, el que nos llevará desde Bahirdar hasta el lago Tana y Gondar.  Creo que van a ser cinco o seis horas de autobús.  Abandonamos la idea de ir por carretera porque no había ninguna garantía de que el coche que nos alquilaban resistiera tanto viaje.  Es verdad que la carretera es un peligro y que en Etiopía es donde hay un índice superior por muertes en accidente de tráfico, pero la razón no está en la carretera sino en el sistema de salud que es muy precario.  Si te la das, lo difícil es que te socorran adecuadamente.  Ya os dije cual era el porcentaje del Pib que se invertía en salud pública.  En Etioopía un 4%, en España algo mas de un 9 y bajando y en Alemania se supera el 11%.

El otro día cuando fuimos a Harar en los cien kilómetros que hicimos, fuimos los únicos que usamos el intermitente.  Y eso que es gratis.   El viaje es casi permanentemente por una carretera en la que pastan ovejas, se cruzan burros, picotean gallinas, juegan niños y se reúnen hombres y mujeres a todas horas y en todo momento.  De vez en cuando hay unos kilómetros sin nadie, pero son los que aprovecha todo el mundo para enzarzarse a adelantar.  Mas peligro.

DSC_0120Hoy he cometido un error que amenaza con convertirme en el fotógrafo de África.  Dos o tres de mis modelos, a esos que retrato por la calle, me pidieron si podía regalarles una foto.  Hoy fui a revelarlas.  Conté 38 y la dependienta me dijo que costaban 114 birr.  Unos segundos después vino el dueño y decidió que el precio eran 145 birr porque había 39 fotografías.  Me imaginé que era la sanción por haber contado mal.  El problema vino después.  Me dijeron que podía pasar a recogerlas el 17 del 4 del 2005.  Bien, les dije, a cuanto queda eso del día de hoy?  No éramos capaces de entendernos.  Entre la dependienta, el dueño, el niño de los recados, un amigo que estaba de visita y otro que entró al vernos discutir desde la calle, estuvimos unos doce minutos dándole vueltas al asunto, que estaba requiriendo  un planteamiento serio.  Si hoy es 26 del 12 del 2012 cuando es el 17 del 4 del 2005.  Es casi una regla de tres.  Lo intentamos en inglés pero como  hablaban entre ellos en  amaharico y yo les interrumpía en castellano, se lió la cosa y nos llevó un tiempo.  Pero al final podía pasar a recogerlas en diez minutos.  Estábamos hablando del mismo día.DSC_0156DSC_0129DSC_0142

CSC_0048Lo peor vino luego cuando se me ocurrió entregarle las copias a la chica del ciber, a una señora que esta mañana se prestó a la que la retratara haciendo la comida, al peluquero, a dos tíos que iban de la mano por la calle, y que después resultó que uno de ellos era al que estaba cortándose el pelo, a un chico con cresta coloreada que me hizo unas posturitas que yo creí que eran de bailarín y resultó que estaba emulado a Mesi, me lo dijo hoy al ver la foto.  Al verse en aquella postura tan forzada empezó a gritar Mesi, Mesi.  Y a llamar a toda la gente de la calle.  En dos minutos estaban todo los pirados que mascan chat pidiéndome que les hiciera una foto.  Y todavía me quedan por entregar la de la chica del restaurant de pizzas, la de dos estudiantes que iban a la universidad y las de dos mujeres jovencitas que se empeñaron, después de hacerles la foto, en que les diera mi teléfono.  Ellas no hablan ni inglés ni español y yo no hablo amaharico.  Así que se van a desesperar cuando me llamen, traté de hacérselo entender pero les debía de hacer ilusión mi número de móvil.  Supero en un lustro la esperanza de vida de este país y aquí los ancianos son respetados, sobre todo los que llevan la barba y el pelo teñidos de amarillo o de rojo. Yo los llevo de blanco y a lo mejor les vale igual.DSC_0607DSC_0143DSC_0099

Hoy voy a publicar las fotos de todos ellos, de algunos locales, de las calles y del caballo.  En nuestro barrio es un barrio rico, una zona residencial donde a los niños los vienen a buscar en bajaj para llevarlos al colegio.  Pero al verlo, con las calles de tierra y llenas de porquería se nos hace  difícil, a los recién llegados, aceptar que esto sea de lo mejor de DireWara.  Javier quiere que vaya más allá del final de la calle que es donde empiezan las chabolas y ya le dije que iría.  Pero ni hoy ni mañana, que mañana me voy al centro de nuevo.

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En nuestro barrio hay perros callejeros y gatos caseros que salen a pasear.  Y también hay un caballo que no es de nadie y es de todos.  Es un caballo que se debió de romper las piernas y nadie se las curó.  Tampoco a nadie se le ocurrió matarlo, en un país de tantas necesidades, y ahora anda tan cojo que cruzar la calle le puede llevar una o dos horas.  Y la cruza todos los días por la mañana y al atardecer  Por el día está a un lado de la carretera y por la noche al otro.  Interrumpe el tráfico pero a nadie parece molestarle.DSC_0552DSC_0582 DSC_0194 DSC_1006

DSC_0511Ya conocéis la frase americana para referirse a la existencia de un problema que aun existiendo y siendo grave, nadie se atreve a abordar, “Tienen un elefante en el cuarto de estar y nadie lo quiere ver”, dicen.  Pues aquí no es una metáfora, es una realidad, no es que esté en el cuarto de estar, pero hay un caballo en la calle, interrumpiendo el tráfico dos veces al día, y no pasa nada.  Los animales tienen un trato preferencial en este país.  El tráfico se para o se desvía ante una manada de burros, ante un rebaño de ovejas o ante un caballo cojo y sin dueño. Cosa que no harán por un peatón.  Esta mañana una moto-taxi le pitó enfurecida a dos niños que cruzaban despacio la calle para ir al colegio.  Como no aligeraron el paso aceleró la velocidad hasta asustarlos de veras.  Pensarán que somos las personas los únicos animales malos.  El de la moto-taxi si que parecía.

DSC_0165DSC_0056Hoy me desperté a las cinco y media de la mañana con los lamentos del imán que ya llevaba media hora recordándonos que su dios es grande.  Me acordé de las jaculatorias que decía Josefa, en aquellos momentos en que a mi me habría salido una blasfemia.  Ay Dios! Cuan alto estás, decía. Pero ni el imán ni el cura se quejan por lo olvidado que esta este país de sus dioses. En el salón sonaba ya Euronws en castellano.  Me sorprendí al oírla.  Pero tampoco me preocuparon mucho las noticias.

DSC_0461DSC_0452Ya he dejado constancia de lo mal que me llevo con las habilidades.  Hace dos días borré las 955 fotografías que llevaba en la tarjeta de la cámara.  No me preguntéis cómo.  Pero yo juraría que fue la cámara que me llevó la contraria y después vino con aquello de donde dije digo, digo Diego. Indemostrable.  Para colmo ese mismo días para no molestar a mis anfitriones, antes de acostarme decidí utilizar la letrina en vez del cuarto de baño.  Al tirar de la cadena de la cisterna se me vino un hierro encima que tuve la suerte de que no me dio pero esportillo el wáter.  El material que se utiliza aquí no es muy bueno y todo parece estar montado por un chapuzas.  Yo daría el tipo.  Ayer mismo, estaba cargando la batería del ordenador y sin querer pisé el cable.  No pasó gran cosa pero se saltó la caja del enchufe de la pared.  Esta mañana ha empezado a reequilibrase la cosa.  He encontrado la gorra que daba ya por perdida.  Sigue la misma temperatura, pero esta noche he tenido que ponerme una camiseta a las dos de la madrugada.  Solo con la sábana me desperté frio.DSC_0187DSC_0463DSC_0432DSC_0028DSC_0460DSC_0454DSC_0451

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Veinticinco de diciembre

DSC_0768DSC_0810DSC_0823DSC_0808DSC_0831DSC_0768DSC_0797DSC_0833Kafira es el mercado de los tomates y las especias, pero en el que casi se puede encontrar de todo.  Para ir tuvimos que cruzar la ciudad y atravesar el río.  El rio es un cauce seco con un hilo de un agua sucia en el que de vez en cuando alguna persona se lava.  Es como un arenal salpicado de trocitos de bolsas de plástico, de rebaños de cabras y de reducidos campamentos de cuatro a diez personas.DSC_0752DSC_0833

DSC_0742Kafira  tiene un frente amurallado con dos puertas. Entramos pero al final no llegamos porque los puestos, a cada paso, se iban haciendo más vivienda que puesto comercial.  Y el deterioro era tanto y los pasos tan estrechos que decidimos no averiguar donde terminaba aquello.  Creo que podríamos decir que es como una plaza de abastos de las nuestras pero en las instalaciones y nivel de salubridad de aquí.  Ya lo veréis. Si ahí tenemos en un lado el pescado y en otro la carne y las verduras y las frutas están en otra parte, aquí también hay divisiones pero solo son para los productos del campo.  Es sorprendente la cantidad de puestos que hay vendiendo exclusivamente tomates.  Puede haber cincuenta o sesenta puestos . Y lo mismo pasa con las especias.  Hice muchas fotos pero casi todas robadas.  El ambiente nos pareció un poco duro.   Yo no me atreví ni a sonreírle a nadie, ni siquiera a mirarles Me dio la misma sensación que entrar en un penal. Creo que tengo que dejar de ver las series de HBO.  Visteis OZ? Kayumi que es menos peliculera iba como si nada. Cuando ya estábamos de vuelta le pregunté si no le parecía muy duro el ambiente y me dijo que sí.  Pero no había tenido ningún temor en ningún momento.  Claro que yo no iba haciendo fotos, me dijo.  Me estaría riñendo?   El  mercado fue el remate,   pues desde que salimos de Coner , en el centro, a un kilómetro y medio del mercado, el ambiente se iba deteriorando a cada paso que dábamos.  Pero en ningún momento nos sentimos tan incómodos como en Kafira.  Llegamos a estar en una especie de cocina económica o de comedor gratuito; pero el ambiente no era tan malo como el del mercado, aunque si mas desolador.  Con las caras muy tristes varias mujeres intentaron explicarnos de que iba aquello.  Ocupando la totalidad del ancho de la calle, en una carpa de lona como las del pulpo que van por las ferias, muchas  mujeres y hombres  ocupaban el fondo de la carpa, sentados a unas mesas en unos bancos corridos.  Unas mujeres les iban sirviendo con un cazo una especie de potaje que sacaban de unas soperas normales.  Había tres o cuatro mujeres sirviendo y hacían constantes viajes al interior de una casa a donde fuimos a meter las narices.  Fue allí cuando nos dieron unas explicaciones que no comprendimos, por lo que yo entendí, por las señas que me hacían,  todas aquellas personas eran padres que habían perdido a un hijo.  Pero no creo que fuera eso. Es posible que los datos que habia leido sobre mortalidad infantil me llevaran a esa conclusi’on.  Mientras en Espana y Alemania  hay cuatro muertes por cada mil ninos menores de cinco anos, en Etiopia ese indice sube al 104 por mil. Pero era todo muy triste.  No hicimos ninguna foto y ahora me arrepiento.  Debo ser peor de lo que pensaba.  No sé lo que entendió Kayumi, seguramente nada, porque cuando nos apartamos de allí, solo me dijo que el potaje tenía buena pinta.

DSC_0761En las puertas de Kafira compramos pan.  Llegamos a la conclusión de que nos estafaron.  Nos cobraron el doble de lo que solemos pagar por cada bollito.  Pagamos 2 Bir por pieza.  Entonces le pedí que me dejara retratarla y me dejó.  Pero me puso cara de foto.

DSC_0902DSC_0908 DSC_0905 DSC_0915 DSC_0917Por la calle en que estaba apostada la panadera se veía al fondo el malecón del río y decidimos volver pase’andalo aunque diéramos mucha mas vuelta.  Era un barrio de menesterosos, que suena a gente pobre pero buena.  Había las tiendas de barrio, en la habitación que da a la calle, incluso un video club en una caseta de hojalata, un bar en otra de Coca-Cola en donde no se vendían bebidas,  dos o tres mesas de pimpón sueltas por las calles y dos o tres futbolines.  En uno estaba litografiado en el terreno de juego un jugador con la camiseta del Barsa.  Yo les dije, español, español, Barsa, Barsa y todos dejaron de jugar y se abrieron para que hiciera la foto, a la vez que se jaleban Barsa, Barsa.  Entonces les dije que guardaran silencio  y empecé a gritar Madrid,Madrid, Madrid.  Y la peña se dividió en dos  y nos despidieron muertos de risa.

DSC_0924DSC_0928DSC_0931Un hombre gritó a mis espaldas cuando yo estaba haciendo una foto a una casa.  Me acojonó.  Bien se ve que yo no soy muy valiente.  Bueno, si valor es superar el miedo, yo soy un tío bragado.  Porque muertito de miedo ando siempre.  Así que me di la vuelta y vi a siete tíos en lo alto de un muelle de carga de un almacén.  Uno estaba sentado en las escaleras laterales, cuatro apoyados en la pared, y dos se estaban volviendo para mirarnos.  Lo mejor es un buen ataque, pensé.  Me fui directo a ellos  enseñándoles en el respaldo de la cámara las fotos que acababa de hacer, las de la tonta de la panadera y dos mas recientitas de la casa de enfrente.  Funcionó, uno vestido de amarillo me pidió que le hiciera una y le dije que si, pero que dentro de la nave.  Impresionante.  Era un molino.  Digo un molino para entendernos.  Todo estaba lleno de un fino polvillo casi blanco y había tres o cutro molinos eléctricos al fondo que estaban siendo manejados por dos hombres.  Pero antes, había tres mujeres sentadas en el suelo peneirando algo, no se qué. Y más para aquí, justo delante de la entrada, estaba la oficina, una mesa con dos hombres, parapetada detrás de sacos con diversas mercancías.  En uno había arroz, que compró Kayumi.  Yo me dediqué a hacer fotos como si fuera ese mi negocio.  Las hice todas y a todos, a pesar de que dos dijeron que no querían ser retratados. El otro día me dijo el cooperante, que siempre está protestando porque voy haciendo fotos a todas partes, no puedes hacer eso, que algunos pueden pensar que les estás robando el alma.  Eso es.  En el molino me comporté como un arranca almas, al menos con dos.  También debo ser  un desalmado.  Cada vez cotizo mas a la baja.  Preocupante.

DSC_0867DSC_0880DSC_0877DSC_0870Seguimos el regreso, pasamos por un centro donde se atendía a enfermos de sida y por calles con árboles a los que solo le quedaban las ramas altas.  A su sombra se jugaban partidas de futbolín, y de pimpón, los niños andaban sueltos y los abuelos daban gritos.  Uno gritaba tanto que nos llamó la atención.  Coño! Quería que le hiciera una foto con su nieta.  Le hice cinco o seis.  Después siempre se la enseño en la pantalla de la cámara y quedan felices.  Igual creen que están participando en un casting que les va a sacar de la pobreza.  Pero les encanta verse retratados.  A todos no, ya se.

Un poco antes de alcanzar el puente una mujer desde su puesto, sentada en el suelo, nos ofreció chat.  Miré a Kayumi y dijo que no.  La vieja insistía.  Volví a mirar a Kayumi, estos japoneses son muy severos, y me dijo, yo no.  Pues yo tampoco, le dije a la vieja, haciendo gestos como que aquella chica no me dejaba. Es la costumbre.

Justo antes de entrar en el puente, en los metros finales de la calle antes de que se estreche para cruzar el rio, al venir hacia el mercado,  me encontré con lo más parecido a un kiosco que vi desde que salí de Madrid.  Diez periódicos distintos se vendían, expuestos por separado tirados en el suelo.  Quise hacerle una foto pero el kiosquero me lo empidio enfadado.  Debió de pensar que después me los leería en casa.  Y  gratis.  Asi que ahora que estaba de regreso iba a intentar la foto. La hice.  Y como no me vió ya desde el puente, con el zoom, le hice otra.

DSC_0743Volvimos a Corner.  Al pasar por el hotel Continental, o lo que queda de él, le hice unas fotos  y me imagine a un Verlaine ya alcoholizado y decrépito viendose con Rimbaud por última vez.  Rimbaud viene desde Harar y Verlaine desde El Cairo.  Pero el ya traficante de armas no tiene ningún respeto por su primer amante ni por su mundo y lo humilla hasta la desesperación.   Por la mañana se vuelve a Harar pero deja dinero para que lleven a París a aquella piltrafa moribunda.

DSC_0958DSC_0961Entre Corner y la plaza de la estación está el bar preferido de Kayumi y el cooperante, Elsa Café, y allí nos quedamos hasta que cerraron que fue cuando apareció Javier para irnos a comer a casa.  Yo le cuento la historia del Continental al camarero y él la aguanta fingiendo atención.  Se la cuento en castellano, pero con mucho entusiasmo.  Antes del final, mi compañera de aventuras, que no está por mi desahogo, me interrumpe para pedirse una Pepsi.  Yo pido una mezcla de cuatro zumos naturales.  No sabía cual elegir y el camarero, antes de seguir escuchándome, me ofreció la posibilidad de tomármelos todos.  Acepté.  Se hace a menudo.  Pero tampoco me gustaron.  Lo que si me pareció muy rico fue un puñado de maíz que le compramos a una anciana que estaba apoyada en la alambrada del Paraíso, pero en la parte de fuera.  Como le corresponde.  El Paraíso es para los ricos, es un vergel en medio del asfalto de Corner  en el que hay una cafetería y bancos esparcidos por el jardin.

DSC_0899Comimos en casa.  Ensalada con bonito y tomate y unas lentejas con patatas y dos trozos de carne correosa que no fuimos capaces de comer ayer.  Además llevaban el arroz que hoy compramos en el molino.  Esta Kayumi es una maga. Jo! Y ahora que lo pienso nos olvidamos de comernos los polvorones de Felipe II que sobraron de anoche.  Aquí nadie piensa que es hoy es Navidad.DSC_0773DSC_0875DSC_0847DSC_0842

Veinticuatro de diciembre

DSC_0161Hoy cenamos en uno de los dos hoteles que hay en DireDawa, en el Hotel Triangle. El mejor de los dos pero que ya deberían de haber remozado hace veinte años. Queríamos pescado pero no pudo ser.  Y de carne solo había un cordón blue que se lo tomó el cooperante con todo el temor, porque la carne estaba cruda.  La japonesa y yo nos conformamos con una pizza.  Pero nos aprovechamos de que había wifi y nos hartamos de poner WhatsAp y de hablar por Skype y por FaceTime.

La cena se nos ocurrió de golpe porque nos cogió la noche por el centro y el hotel nos quedaba de paso en el regreso a casa.  Sobre todo queríamos saber si tenía Wifi, y lo tiene.  En Dire hay muchos ciber, en nuestro barrio ya tengo localizados cinco,  pero los ordenadores no son muy veloces y las sillas no son muy cómodas, abundan las que están vencidas o rotas, y los teclados son en ingles y en arabe.  si corrijo algo, como ahora, no puedo utilizar acentos ni la n con la rayita encima.

Así que con la cena aprovechamos para celebrar el cumpleaños de Javier que estrena hoy los 31.  También fue nuestra Nochebuena.  El postre lo tomamos en casa.  Era la sorpresa de Papa Noel, una docena de polvorones Felipe II.  Sobraron nueve.  Fue nuestro guiño navideño.  En Etiopía la navidad se celebró en septiembre y nosotros llegamos tarde.  En Addis Ababa, el restaurante donde comimos tenían un Papa Noel de trapo en la terraza.  Pero enDireWara no he visto ninguno y tampoco un nacimiento. Y eso que hoy estuve haciéndole fotos a una de las pocas iglesias católicas que hay, la de San Agustín, que está por el centro.DSC_0226

DSC_0165El centro de esta ciudad está mas urbanizado que nuestra zona.  Bueno esta urbanizado, que nuestra zona no lo está.  Pero no hay muchas viviendas, casi todos los edificios son de oficinas y edificios públicos.  La plaza principal es la plaza de la estación que lleva cerrada unos cuantos años, porque tras una intervención patrocinada por la Unión Europea para mejorar el transporte por ferrocarril, el ferrocarril despareció.  No se mas, pero me imagino que acciones como esta justificarán la pobreza de Etiopía.

DSC_0200Al centro se va andando desde nuestra casa, unos cuatro kilómetros, o en las moto-taxi que aquí se llaman bajaj y que pululan como moscas por todas partes.  Los hay grandes y pequeños.  Los grandes son colectivos, tu les haces una seña y si hay sitio te paran, y puedes viajar pagando 2 Birr, y los pequeños son para ti solo pero pagas unos diez por el viaje.  10 Birr son cincuenta céntimos de euro.  El doble de lo que me costó desayunar hoy, al borde de la carretera, un te y una torta como un pan fino.  En esto de hacer las cuentas hay que andar con cautela.  Es bueno saber lo que cuesta en euros, porque en euros está nuestra caja de resistencia, pero tampoco conviene hacerlo con mucha frecuencia, porque casi todo nos puede parecer tirado.  Es bueno partir del principio que todo es caro, porque para la mayoría lo es.  Sino, puedes andar ofendiendo a muchas personas.

DSC_0197Hoy teníamos dos razones para ir al centro: comprarme un móvil y reservar los billetes de los aviones para irnos al norte el día uno.   Pero tuvimos que cambiar los planes, no teníamos vuelo hasta el día dos.  Así que decidimos volar a Addis Ababa el día 31 y allí alquilar un coche para recorrer los setecientos kilómetros de carretera que nos separan del nacimiento del Nilo.  Del nacimiento del Nilo etíope.  El Nilo azul.

El problema de la excursión está en que no sabemos cuanto tiempo nos van a llevar esos setecientos kilómetros, ni si vamos a tener donde dormir cuando se nos caiga la noche.  Pero tenemos una semana para resolverlo.  El viaje que hicimos ayer a Harar se nos complicó un poco cuando tuvimos necesidad de utilizar un cuarto de baño.  Es uno de los principales problemas que tenemos.  Cuestión de costumbre.

Aquí no se puede ir al medio del campo, porque el medio del campo está lleno de gente.  Hay gente por todas partes, y mucha.  Y en los lugares donde se come o se bebe no hay servicios.  Aguantamos como pudimos hasta que encontramos la zona de hoteles.  Elegimos el mejor.  Ya no es cuestión de encontrarlo limpio, sino de no mancharte o no caerte.  Y si pides papel, confórmate con media hoja de libreta escolar usada.  No hace más de cincuenta años que en las aldeas de Galicia se iba alas cortes o a en mitad del maíz.  En el lugar de Arosa, en San Martiño de Meis hay una finca que todo el mundo conoce por “o  Caghadoiro” . Y es un lugar muy resguardado.   Ser pobre es lo que tiene. Lo malo que aquí nunca sabes donde está ese lugar muy resguardado.   La escritora Luisa Castro cuenta en “Viaje con mi padre” que su abuela era muy innovadora y que fue una de las primeras de la aldea en instalar un retrete en su casa, lo puso directamente sobre dos tablones en las cuadras de la casa.

DSC_0141Por cierto, la casa en la que vivimos, en el ensanche de WireDawa, es una casa como esas que alquilan en las rías baixas para pasar el verano.  Tiene patio delantero en el que entrarían tres coches si no estuviera la caseta del guarda, un porche, al que le dan sombra dos árboles, en el que comemos y cenamos y en el que escribo este blog cada noche, un salón amplio,  tres habitaciones, un cuarto de baño y un servicio. Detrás están la cocina, la lavandería y un servicio que utilizan los guardas.  El único defecto es que el agua es por goteo, por lo que nos vemos en la necesidad de recogerla cada día en unos cubos y son los que después utilizamos, con muchas restricciones, para lavarnos nosotros, la ropa y la loza.  No hay problema el goteo nos da la suficiente, aunque siempre sea fría.

DSC_0208DSC_0221Hoy fue lunes y a primera hora las calles de Dire se llenaron de niños uniformados.  Iban en los bajaj y andando.  Los había por todas partes.  En el cruce de nuestra casa había a las siete de la mañana uno de esos moto-taxis con tres niños abordo esperando por otros dos.  En la avenida del fondo los niños pasaban en grupos de amarillo y verde, de marrón, de azul y blanco.  Y como si fuera un ensayo general todos se mezclaban y revolvían pero al fin todos acertaban en la dirección que deberían de ir.  A las niños de Dire les pasa como a los de todo el mundo.  Están cansados de ser niños  y se les nota en la manera de ponerse el uniforme.  Quieren ser mayores de una vez.  Y no me extraña, es mucho mas divertido.

DSC_0181En el centro hay varios cafés por que es lugar de paso, de un barrio a otro, de visitas a oficinas y a instituciones.  En el bar de enfrente de la estación suelen acabar los pocos turistas que por aquí vienen, porque tiene una sombreada terraza y llama la atención en aquella plaza.  Sin embargo, el cooperante me aconseja mejor, otro que está cerca, el Elga Café, que tiene sucursal por nuestro barrio.   Allí nos tomamos esta tarde, Kayumi y yo, un bizcocho riquísimo que sabía a limón.  Y aprovechando que pasó por allí un vendedor ambulante de bocadillos de algo vegetal con picante, la japonesa compró uno para el cooperante, pero acabó comiéndoselo ella y una niña que vino a pedirle un trozo.Yo aproveché para hacerle fotos, al del carrito, a los postres, a los camareros y al dueño de Elga, que estaba todo orgulloso de que  hubiera decidido fotografiarle sus postres.  Eso si, no me permitió hacerlo hasta que los hubo dispuesto como mejor supo.

DSC_0083DSC_0071Esta mañana me despertó Javier, a las seis y media, diciéndome en tono compungido, Abuelooo, está nublado.  Y en seguida me dijo que era una broma, al ver mi cara de disgusto.  Hacía sol, como siempre.  Y a Kayumi le pareció bien quedar conmigo para ir al mercado a comprar verduras.    Zeido es un mercado, como veréis en las fotos, lleno de un colorido espectacular.  Desde alli  me marche andando al centro acompanado de unas manadas de burritos y sus, ignoro como se llam a las conductoras, que me dejaron acompanarlas haciendole fotos.  Los burros, como las cabras, como podeis ver tienen preferencia  ante el trafico rodado.

DSC_0036DSC_0037DSC_0035Bueno,  ya son las once, aquí ya duermen todos incluido el guarda.  Es la primera Nochebuena en que me voy a la cama sin escuchar un villancico.   A cambio estoy en camiseta, bajo un cielo estrellado y ganándole la partida al invierno.  Por ahora 4-0.DSC_0055

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Veintitres de diciembre

DSC_0563Hoy hicimos turismo.  Estuvimos en Harar.  A los que amáis la poesía os sonará porque en ella Arthur Rimbaud se hizo rico comerciando con armas en los últimos siete años de su vida.  Todavía se mantiene en pié su casa como Arthur Rimbaud Center.  Es, sin duda, la más hermosa de la ciudad.  No tiene nada que ver con la arquitectura popular a la que pertenecen el resto de las viviendas.  Harar es como un pueblo andaluz con las calles estrechísimas, retorcidas y en cuesta. En la que sus habitantes están acostumbrados a que su ciudad sea un centro de atracción comercial en la comarca y sus calles estén siempre con hombres y mujeres tirados o sentados vendiendo lo que producen sus huertos. Pero todo es como si no se saliesen nunca de ese escenario.   Todo parece un montaje para impresionarnos, porque no es posible tanta pobreza y tanta hospitalidad.  Incomprensible que estén tan felices.  Y eso que no cuento a los que mastican chat, porque esos están contentos pero son un coñazo.  El chat, ya os conté, es una hoja verde, pequeña, como esas que se acostumbran a mezclar en las ensaladas con la lechuga, y que te colocan como si tomaras unos cubatas.   Aquí en vez de irse copas se lían para mascar chat y darse la brasa. El guía que contratamos por 400 birr, algo menos de 20 euros, cuando nos dejaba nos dijo que se iba a casa a leer algo y mascar chat.  Se había ganado el día.DSC_0560

En Harar me harté de hacer fotos, unas setecientas.  Es el problema de traer una cámara digital.  Algunas las robé, pero otras me las permitieron hacer e incluso les agradaba.  Y no solo a los niños, que les encanta.  Bien, pues de esos 700 disparos solo tuve serios problemas una vez y con un hombre al que no estaba retratando.  Yo pretendía dispararle a un taxi, una furgoneta DKV, que iba abarrotada. Una mano en el objetivo me impidió hacer la foto.  Aparté la cámara y una mole de cuarenta, alta y gruesa, que llevaba unos símbolos religiosos, me amenazó gritando y gesticulando, me pareció que violentamente. Le puse la tapa a la cámara como muestra de rendición y siguió diciéndome cosas con una expresión amenazante.  Tanto, que un hombre que nos vio salió en mi ayuda y se lo llevó a un lado.  Y como él seguía haciendo gestos dando gritos yo en seguida hice que no le oía y me fui a hacer fotos a otra parte.DSC_0700

DSC_0707DSC_0982DSC_0782Retraté a mujeres, a muchas mujeres, porque son lo mas llamativo.  Van vestidas todas distintas con una mezcla inimaginable de colores chillones.  Solo vi a un hombre que me llamara la atención por su vestimenta.  Iba con un traje de chaqueta rojo, de un rojo muy vivo y de chaqueta cruzada  Pero me pareció que lo hacía a propósito, que se había vestido para que yo le hiciera la foto.  Me siguió un rato, como buscándome.  Me dio un poco de pena y me paré a retratarlo, pero al mirarlo bien, me pareció que era de Lugo, negro pero de Lugo y para que quería yo un retrato de un señor de Lugo en Harar. Pues no le hice la foto.  Ahora me siento un poco mal porque, qué me importaba hacerle a él una foto, si hice setecientas.  Pero es que me parecía que no pegaba.DSC_0778DSC_0571DSC_0710

En Harar (se pronuncia arar y no jarar, que así no nos entendía nadie) nos pateamos casi todas las callejuelas que existen en las 48 hectáreas que tiene la ciudad.  Ni una sola plaza, placita o plazuela.  Y qué vimos? Gente por todas partes sentada o tirada por los bordes de las callejuelas. Dos o tres medio muertos, pero el resto en plena actividad comercial.DSC_0655

DSC_0662Es curioso, Harar es una ciudad turística en la que su encanto está en el conjunto, hay que verla toda.  Porque  elementos singulares tiene. Una iglesia católica que construyeron unos religiosos franceses en el siglo XX y que, por suerte, encontramos al cura cuando le estaba echando la llave.  La iglesia me resultó acogedora y humana, que ya es raro en una iglesia.  Pero será porque está en tierra de infieles y tiene el encanto de las minorías.DSC_0850

DSC_0843También está el Arthur Rimbaud Center.  Era un poeta francés que vivió aquí diez años, nos dijo el guía. Pero como era sábado estaba cerrado.  Yo le di una vuelta a la casa y aquello parecía que no se había abierto desde que Rimbaud se fue a París a verse lo de la pierna, unos meses antes de morirse.  Pero no le dije nada.DSC_0626DSC_0629

Bueno, también nos llevó el guía, que , por cierto, era un tío encantador con el que parecía que habíamos trabado amistad hace años, a ver a unos halcones que estaban posados en los aleros de un edificio de una planta y que, cuando se tiraba un trozo de carne al aire, volaban raudos y la cogían antes de que tocara el suelo.  Y otras veces la recogían de la cabeza de un hombre que se prestaba al juego.  Y cuanto nos va a costar esto, le preguntamos.  Nada, dijo él, va en el precio.  El precio no lo habíamos ultimado pero estaría entre los 300 y los 400 bir según satisfacción del día.   Acabamos dándole los 400 y le invitamos a comer en el lugar a donde él nos llevó.  Comimos con los dedos. Los del lugar comen con las manos; pero, al menos a mi, me resultó imposible.  Es incomodísimo y no hay servilletas.  Y  ninguno, ni Javier, ni Kayumi, ni yo, llevábamos clínex.  Viendo mis dificultades y envaramiento Javier me dijo, no te preocupes, que al final nos lavamos las manos.  Menos mal, pensé.  Pero por si acaso me chupé los diez dedos.

DSC_0719No es que me diera asco mancharme, ni muchísimo menos.  El primer día dije que necesitaba dos días para acostumbrarme.  Me sobraron 36 horas.  Ya os conté también lo que cené ayer, lo que vendían unas mujeres que cocinaban sentadas en la calle.  Lo compré y lo comí en lo oscuro, amparado por la noche, para no ver muy bien lo que era.  Y esta mañana el desayuno fue la prueba definitiva.  Al borde de una de las carreteras que ya estábamos caminando a las siete de la mañana, las cinco en España,  había unos hombres sentados en unas latas esperando por lo que una mujer cocinaba detrás de unas retamas y unos plásticos negros que, al parecer, iban a protegerle del sol cuando empezara apretar un poco mas.  Te atreves? me preguntó Javier.  Pide tu, le dije.  Son una especie de creps y un té muy caliente, dijo para incitarme.  El té no me gusta y los creps acostumbran a sentarme mal, pensé pero guardé silencio.  Esa mañana, hacía como media hora, había entrado en mi habitación a despertarme: Eh! Viejo.  Arriba.  Te he dejado dormir media hora mas.  Qué hora es, le pregunté.  Las seis y media, me respondió.  Joder! Las seis y media, las cuatro y media en España, exclamé.  Pero estamos en Dire Wara, me corrigió.  Y el jetlack qué?  Y me mostró el zumo recién exprimido.  Era un vaso pequeño, lo justo para tomarme la pastilla de omeprazol.  Y después, en vista de que allí no asomaba nada, decidí comerme los cacahuetes que me habían sobrado del día anterior, los que habíamos comprado por la mañana en Adís Abeba, cuando nos robaron, y que venían envueltos en la hoja en la que un niño parecía que estaba aprendiendo a escribir.  Así que, pensando en lo que llevaba en el estómago y en lo que pudiera tardar en tomarme algo si renunciaba a aquello, opté por arriesgarme.DSC_0360

DSC_0363 Fue un desayuno muy agradable que compartimos con aquellas dos mujeres y los hombres que fueron pasando por allí mientras nosotros nos comimos el crep y nos bebimos el te que, muy caliente, dejaba un saborcillo a dentista que te daba la sensación que te estaba desinfectando internamente.  Allí estábamos un taxista, que tenía el motocarro allí aparcado, un hombre con unos tenis blancos rotos y sucios, otro hombre con unos zapatos  de piel negra muy limpios y brillantes, un viejo que andaba en chanclas, el cooperante y yo, el viajero, después se nos añadió un niño harapiento y descalzo, cubierto de polvo, que aprovechó un descuido mío para quitarme la lata, mi asiento, y al que todos dimos por algo loco y algo mas pobre que los demás y al que al final invitamos a un crep y un te.  Lo pasamos bien y posiblemente mañana, aprovechando que el cooperante se va a trabajar, yo vuelva solo a desayunar allí.DSC_0593

DSC_0680 Al final, es solo pobreza y mientras no la puedas vencer es mejor acostumbrarse a ella y no permitir que te amargue una vida que aquí se presenta maravillosa cada mañana.  Siempre hace sol y ahora convierte el invierno en primavera. Esta mañana dos pájaros amarillos cantaban en el árbol del patio.  Javier me quiso mostrar el nido pero no lo encontró.  No lo busques, lo desanimó Kayumi, ayer vino la dueña de la casa y lo retiró  porque dijo que se comían las chirimoyas.  Que pena, dijo Javier.

Solo hay en Dire Wara algo difícil de soportar.  Mejor dicho, algo verdaderamente insoportable.  Los rezos que por altavoz se emiten desde la iglesia y las llamadas a la oración que se hacen desde la mezquita, varias veces al día y desde las cinco de la mañana hora local.   Pero las de la iglesia están grabadas, me señalaba un mulsumán a la defensiva.  Si yo viviera aquí iba a poner altavoces en el jardín y retransmitir en diferido todos los partidos de fútbol.  Los anulaba.  Hoy, a las siete mañana ya había un partido en un arenal que hay al lado de casa.  Y por supuesto que tambi’en les hice unas fotos.DSC_0639

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Veintidos de diciembre

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A las seis sale el sol en Addís Abeba y comienza el día.  Las horas de la gente de la calle también se empiezan a medir con la salida del sol.  A las seis, solo son las seis para los asuntos oficiales.  Para los demás es la una.  A esa hora se levantó Javier, como todos los días.  A mi me dejó dormir hasta las ocho y media, que eran las seis y media en España.  Solo habían pasado dos horas y media desde el momento en que había apagado luz.  A pesar de eso nos paseamos la ciudad hasta las doce, después de tomar un café en una de las chabolas que flanquean la calle del hotel, una de las grandes avenidas de la ciudad.  Yo no tomé nada.  Necesito, por lo menos un par de días de adaptación.  Los cooperantes son de otra raza.  Se mimetizan con el paisaje y el paisanaje.  Yo no, yo estoy de paso.  Si me tomo ese café me doy por muerto.

Caminamos tres horas.  Addís Abeba es extensa pero pudimos pasearnos diferentes barrios.  Nos robaron.  A Javier le sacaron del profundo bolsillo de su pantalón vaquero todo el dinero que llevaba, que era mucho aunque valiese poco para un europeo.  700 birr, que abultan tanto como un fajo de mil euros en billetes de veinte.  Nos dimos cuenta, tres segundos después de que hubieran desaparecido los ladrones, dos niños que no habían cumplido los siete años. Yo me eché a reir, pero Javier estaba disgustado.  Y yo me reía mas, porque me había estado hablando de la honradez de los etíopes a pesar de la miseria en la que vivían.  Y me había dicho exactamente, “bueno con los niños hay que tener cuidado porque algunos te echan la mano al bolsillo”.  Y en esos momentos dos enanos se acercaron a ofrecernos algo en una lata.  700 birr son algo menos de cuarenta euros.  Pero con 117 comimos en un restaurante  de clase media, una hamburguesa vegetal con patatas fritas y una pizza de contenidos no identificables., un zumo natural y una botella de agua.

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Caminamos la calle principal, una avenida ancha en la que están construyendo un túnel.   La obra la controlan los chinos y chinos eran los capataces.  Es china ahora la que se está haciendo con la riqueza africana.

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Vimos una librería y dos floristerías.  Ningún kiosco de prensa y un estadio donde se estaban realizando carreras de distintas distancias, estaba abarrotado de público.   También nos encontramos con una lencería  en el que se podían ver grandes fotos en la fachada con las mujeres en ropa íntima.  CSC_0321CSC_0319Diez minutos después nos encontramos con una pintada en español que reclamaba derechos humanos para todos, no muy lejos de un dibujo de grandes dimensiones donde un hombre y una mujer estaban separados por el signo igual.

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Paraguas, también vimos paraguas en Addís Abeba lo llevan algunas chicas para protegerse del sol.  Estarán de moda.  Porque precisamente ahora, en el invierno, el sol todavía es soportable.  Un máximo de treinta grados sin humedad se llevan con gusto.  Por las noches refresca y los etíopes pueden llegar a ponerse el abrigo.  En el aeropuerto, a noche, estaban todos muy abrigados.  Sin duda el aire acondicionado les mata.

CSC_0163Todo es sucio en Addís Abeba (se pronuncia Addís Abeba, por eso en castellano se escribe así)  todo está roto y en mal estado.  No hay dos metros de acera que no esté dinamitada.  Apenas existen semáforos.  Solo vimos uno y nos paseamos por el centro.  Conducir es difícil porque no existen normas. No existen las rotondas aunque sea en un cruce de cinco grandes avenidas.  Se conduce por la derecha y en los cruces el mas avispado pasa antes.  No hay otra norma.

CSC_0178En el barrio de las embajadas y casas caras las aceras no existen es un camino flanqueado de muros altos rematados en alambradas y, en muchos casos, con militares armados en la puerta.  Sentados en una silla de madera y con una ametralladora sobre las rodillas, están como pueden estar los que venden caña de azúcar o naranjas.  Porque en algún sitio hay que estar, pues no parece que hagan nada.  Ni asustan.  Muy diferente era la policía en El Cairo.  Prepotentes y amenazantes.  Intimidaban.  Desagradable el tránsito por ese aeropuerto.  Mejor no ir.

Las mujeres son guapísimas en general y es difícil ver una que no sea atractiva.  Y más las ricas. En el aeropuerto nos cruzamos con tan solo dos mujeres bien vestidas, en las que se les notaba el lujo en las ropas que llevaban.  Impresionantes.  En ninguna otra ciudad había visto tantas mujeres guapas.  Las etíopes son por naturaleza elegantes, al menos en los cánones europeos.  Son delgadas, esbeltas y con las facciones finas y muy proporcionadas y su color se aleja tanto del blanco como del negro.

En el centro muchas de las calles están jalonadas por gentes que se dedican a vender de todo, varios limpian zapatos, otros venden pen drive, hay quien pide dinero para una santa  y quien con una máquina de coser se dedica a hacer arreglos a la ropa..  nosotros nos compramos dos puñados de cacahuetes sin sal, que venían envueltos en hojas de libreta en las que algún niño había estado aprendiendo a escribir.

A las dos de la tarde hora oficial etíope estábamos en el aertopuerto.  El avión a Djibuti hace escala en Dire Wara.  Fue el que cogimos.  Es un bimotor de hélice con asientos para ochenta personas,.las ochenta que íbamos más un niño que iba en el regazo de su madre. No se movió mucho y el trayecto no llegó a los 50 minutos.  Aproveché para retocar las fotos que podéis ver aquí. En Dire Wara nos bajamos 20 pasajeros.  A nosotros nos vino a buscar una azafata creyéndose que nos habíamos equivocado.  Pensaban que nos íbamos a la playa y no a esta aldea tan grande.

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El aeropuerto de Dire Wara podría pasar por el aeropuerto privado de un narco o de un banquero.  Es reducido, como dos gallineros grandes , como un polideportivo de los que hay por nuestras aldeas.  Pero no es muy familiar los soldados no me dejaron hacer fotos.  Javier me pidió por favor que no intentara retratar el reloj que presidía la sala de embarque, que a la vez era la de la recogida de maletas.  Era un reloj de pared, con péndulo y la esfera rodeada de un encaje plateado.  Estaba parado a las cinco en punto de la tarde y estaba colgado a tanta distancia del suelo que resultaba extremadamente ridículo en aquella pared tan enorme.  Pero no le hice la foto.  Había por lo menos 15 soldados y ocho empleados de bata azul.  Pero no imponían nada.

Para nuestra sorpresa uno de los conductores que trabajan para la ONG estaba esperándonos a la salida del aeropuerto.  Debíamos de haberle llamado.  Pero, mientras esperábamos para embarcarnos, le cogí el móvil a Javier y soy tan manazas que lo apague.  Para encenderlo necesitábamos el PIN.  Y Javier no lo recordaba.  Me llamó la atención que el hombre tenía las encías verdes.  Es de mascar Chad, una hierba que probaré mañana y que se vende por la calle.DSC_0294

DSC_0289La primera impresión al llegar a Dire Ware es que uno entra en un pueblo pequeño.  Pero aquí viven 400 mil personas, probablemente tan solo sobrevivan.  Pero no creo que sea pequeño.  Las casas son bajas y pequeñas, de malos materiales y casi en cada una hay un establecimiento comercial.  No hay letreros, solo las dos farmacias que vi tenían pintadas unas letras en la fachada.  El resto nada.  Y muchas veces es imposible saber que es en lo que comercian sin preguntarlo. En ocasiones son solo unas sillas que se ven tras la puerta abierta.    La suciedad está en todas partes, es parte de la decoración urbana.DSC_0307Ya me voy adaptando al entorno.  Esta noche hemos salido a comprar fruta al mercado de “Zeido”.  Fuimos en un taxi, que aquí son motos  de tres ruedas.  Van todas pintadas de azul y en ocasiones son los únicos vehículos que hay en las calles.  Estábamos cerca, pero Javier estaba cansado.  La vuelta la hicimos a pié dando un paseo y yo me atreví a comerme unos hojaldres triangulares rellenos de lentejas que estaban fritos en un aceite espeso y negro.  Nos los vendió una etiope gorda pero nos los envolvió en papel de periódico un anciano que le hacía compañía.  También me atreví con unas bolas de masa que estaban rellenas de unos granos oscuros que le daban un sabor dulce y que vendía una señora que estaba en cuclillas a un lado de la calle.  Todo estaba rico.  La oscuridad ayudó a que no le pusiera pegas, pues aquí las calles, que están jalonadas de árboles, no tienen luz, salvo las dos avenidas asfaltadas.  Pero se anda bien, la luz que asoma por las puertas de las casas te va indicando al señalarte los bordes.

DSC_0312Para mi sorpresa en la casa de Javier hay permanentemente un guardia de seguridad, no armado, de día y de noche.  Esta fuera, en el patio de delante hay, junto a la puerta de la calle, una habitacion con un catre. El cuarto de baño lo tiene en la parte de atrás, donde están la cocina y la lavandería de la casa. A mi me llamó la atención pero él le quitó importancia diciendo que eran cosas de la organización que le obligaban a tener a estos dos hombres.  No le digo nada pero me quedo pensando en que esta mañana dos niños nos robaron 700 birr, que es el salario mensual de un chapuzas, Somalia está a un paso de aquí, y ninguna organización paga a dos hombres sino fueran necesarios.  La verdad es que yo tampoco creo que sean necesarios.  Ya veremos.  Me voy a la cama que llevo un día muy largo.

Veintiuno de diciembre

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Hice como siempre.  Me levanté temprano y me fui a desayunar a la calle. Leí el periódico y volví a enamorarme de Helen Hunt.  Siempre está ahí pero la veo tan poco que me olvido.  El País la traía en la primera página de la revista OnMadrid que reparte los viernes en la capital.  Está hermosa.  Las noticias del periódico también me animaron.  Parece que empezamos a ponernos de pié.  Los directivos de 118 ambulatorios madrileños han firmado su renuncia, que harán efectiva cuando se convoque el concurso de privatización de la sanidad madrileña. En Etiopía destinan el 4% del Producto Interior Bruto a sanidad, en España algo mas del 9% y en Alemania supera el 11%.

Sigo leyendo y el espíritu se me enaltece con Hollande que ha reconocido en Argelia los sufrimientos generados por la colonización francesa.  Y una alegría mas, multan con 119 millones de euros a las compañías de teléfonos por los precios abusivos de los SMS.

Y hay una página que parece escrita para mi, que me voy al mundo del hambre y la pobreza.  Las ONGs  denuncian la disminución de la Ayuda Oficial al Desarrollo, ADO, en los presupuestos de este próximo ejercicio.  Estará a niveles de 1981, en el 0,2% de la renta nacional bruta, cuando debería estar en el 0,7% para cumplir con lo requerido por la ONU.  El hachazo ha sido de un 70% desde el 2009.  Las cifras de la ayuda humanitaria son todavía mas escandalosas.  En los presupuestos del año 2010 se destinaba a ayuda humanitaria 127,5 millones, en los del 2013 serán tan solo 12,3  millones.  Ahora si que los recortes costarán vidas  directamente.

El taxista que no escuchaba la Cope cumplió.  A las once en punto acudía a buscarme y en poco menos de 20 minutos me dejaba en la terminal uno de Barajas, sin que notásemos en nada la huelga del transporte público.  O sí, no había autobuses y circulábamos mejor.  A las doce ya había facturado y pasado los scanners de seguridad y todavía me quedaban tres largas horas hasta que anunciaran el retraso indefinido del vuelo  de la compañía Egytair con destino a El Cairo.

Pero la primera sorpresa no fue el retraso del vuelo sino el que todas las cafeterías y restaurantes del aeropuerto estuvieran cerradas.  Había huelga.  Nada que objetar .  En  la tienda del duty free me hice con una bolsa de regañá, que son esos panes como onzas aplastadas y crugientes, y con una tableta de chocolate sin azúcares añadidos de marca Torras.

DSC_0053Embarcamos con hora y media de retraso, pero llegamos a la hora prevista.  Es la inexplicable efectividad del sur.  Del vuelo no tengo mucho que decir,  apenas de movió y en media hora ya estábamos sobrevolando el mediterráneo.  Me acordaré toda la vida de la mujer encantadora que me atendió en facturación.  Me ofreció una ventanilla pero eligió el asiento con menos espacio de todo el avión. Estuve aprisionado durante casi seis horas.  Tuve que hablar con la mujer del asiento de delante para rogarle que no reclinara totalmente su asiento porque si lo hacía me impedía abrir la pantalla del ordenador.  Me hizo caso y pude abrirlo unos treinta grados.  No había espacio para mas entre mi barriga y el asiento de delante.

Pero no quiero quejarme, pero el avión olía mal.  Íbamos muchos.  Era un aparato en el que antiguamente iban cinco asientos por fila y ahora han colocado seis.  Todo muy ajustadito.  Si hubieran quitado un poco de aire, nos hubieran transportado al vacio, como las bolsas de jamón de los super.  Pero fue un buen vuelo.  Incómodo pero bueno.  No se movió, lo que me liberó, que iba en ventanilla, de observar si el ala corría riesgo de romperse, se incendiaba el motor de mi lado o se veía correr aceite por el fuselaje.  Es verdad que hay una posibilidad entre mil millones pero también toca la primitiva, el euromillón y la lotería todas las semanas.  La tranquilidad del vuelo me evito ese trabajo extra.  Por lo demás bien.  El hombre que iba a mi lado resultó ser una persona muy amable.  Me enseñó a decir gracias, se dice algo así como dina sa.  Tampoco os fieis.  Mi oído no es bueno, llega incluso a garrafal.  Y, además, tuve que quitarme el sonetone porque vi que aparecía en las pantallas donde indican como ponerse el salvavidas, la cámara de oxígeno y los cinturones de seguridad.  Como no entendí nada, opté por quitarme el aparto y guardarlo.  Ignoro las razones.

Después de un largo tiempo, mi compañero de asiento se levantó.  Juraría que fue a lavarse las manos, a hacer sus abluciones, porque al regresar sacó el reloj del bolsillo y volvió a colocárselo en la muñeca.  En seguida se sentó y se puso a rezar.  Que bien, pensé, van a traernos la comida.  Aunque pensé que era una hora extraña, las cinco de la tarde.  Nos trajeron los periódicos.  Eché una ojeada y había mas hombres rezando.  Se inclinan mucho y mueven los labios.  No les debe valer pensar las oraciones. Su dios también se habría sacado el sonotone.  Eché mano de mis reganas de y mi tableta Torras y le ofreci un poco; pero sin verme se inclinó de nuevo sobre el asiento de delante y volvió a sus rezos.  Estará implorando que nos traigan la comida.  Me pareció bien.  Pero pasado otro largo tiempo y en vista de que por allí no pasaba nadie y como ya estaba harto de las regañás y del chocolate derretido, saqué mi última Pink Lady de la mochila y empecé a comérmela.  Y al segundo mordisco se abrieron las cortinas de primera clase y aparecieron las azafatas con el carrito de la comida.  Guardé la manzana en su bolsa y le agradecí a mi compañero de viaje sus rezos.  Pero no me hizo caso, seguía rezando.  Fue solo un instante pero me alegré de ser el dueño de la mochila que iba en el suelo.  Veo demasiadas series de HBO.  Etiopia me curara.

La comida ayudó a matar el tiempo.  No se le pide mas en los aviones. Por lo demás el viaje fue bien, por lo menos hasta las siete menos cuarto en que el reloj debió de pararse por lo menos tres o cuatro horas.  Pero aun así a las 20.30, hora española estábamos en El Cairo.  Con el tiempo justo de embarcar para Addis Ababa.

DSC_0065El segundo vuelo fue mas relajado, solo íbamos dos pasajeros por cada tres asientos e incluso pudimos dar alguna cabezadita.  Tampoco se movió el avión.  Todo sucedió como estaba previsto, salvo que Javier no estaba al otro lado de la puerta de  salida del aeropuerto.  Y que tampoco era de su teléfono el número que me había enviado unas horas antes, en el que salía un coreano que estaba en una fiesta particular en la ciudad de Nazaret.  Mi inglés es de cuando la primera lección consistía  en aprender a decir My tailor is rich.  Con mi oído y el método, la conversación con el coreano me pudo.  Colgué y me puse pegadito a los cristales de la puerta para ver si aparecía por allí mi salvador.  Volví a marcar el número de Javier y me volvió a salir el coreano.  Le expliqué que estaba esperando a Javier en el aeropuerto de Addis Ababa.  No se si lo entendió o no.  Pero mis gestos espabilaron a una etíope, guapa y baja, que vino sonriente en mi ayuda ofreciéndoseme para todo.  Hablaba un perfecto inglés del que a esas horas ya no entendía nada.  Me pidió el número lo marcó y en veinte minutos Javier estaba llamándola.  Sus favores me costaron 20 dolares.  Le dije que era una barbaridad pero me sonrio tan dulcemente, que me senti agradecido de que solo me hubiera pedido veinte.  Dejé el aeropuerto, crucé la carretera exterior, bajé un terraplén crucé una explanada de tierra  en la que había veinte o trienta grupos de diez o doce hombres y vi a lo lejos a Javier haciéndome señas.  Qué gordo estás! Le saludé afectivo.  Me pareció que para un hombre que lleva un tiempo en Etiopía ese podía ser un buen piropo.  Eran las dos y media de la mañana hora española, las cuatro y media hora oficial etíope y otra hora distinta para el hombre de la furgoneta que nos llevó hasta el hotel.  Apagué la luz a las cuatro por España.