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Cabra en el camino a Barrantes

Me cambio de dirección.  Ya me gustaría y que cuando quisierais leer esto se os abriera automáticamente la otra página, pero no llego a tanto.  así que, por favor, cambiad mi dirección, ahora estoy en losviajesderodolfo.wordpress.com.

Nos vemos allí.

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Final

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Os lo debía.  Siempre pensé que el último capítulo tenía que ser el desembarco en Barajas.  Pero no, el viaje reclama su epílogo.  Un resumen breve, de tres líneas en el que escriba la despedida, el cierre, con mis primeras reacciones.  Pues ahí va.

Han pasado cinco días y sigo despertándome a la hora en que lo hacía en Dire Dawa.  Pero aquí son las cuatro y media de la madrugada y todo el mundo duerme.  Y es de noche, todavía muy de noche.  He vuelto a mis desayunos de bocata de jamón y coca cola con mucho hielo, pero ya no alcanzo la segunda en el mismo local porque para ese momento ya estoy congelado, la humedad se me ha metido debajo de la gabardina, del chaleco, del jersey y de las dos camisetas, una termonosequé, con lo que me abrigo.  El periódico me aburre, me cuesta centrarme en las historias de corrupción que ahora se hacen públicas pero que todos sabíamos que estaban ahí, a través de la financiación de los partidos, de la falta de transparencia de las instituciones.  Pero lo leo.  Intento recuperar el ritmo y las costumbres que tenía antes de irme.  Tampoco se me ocurren otras.

El día que aterricé en Madrid, el domingo pasado, me fui a casa de David a esperar que estuviera próxima la hora de salida del tren para casa.  Fueron muchas horas de espera con el cuerpo molido por un viaje que había comenzado  el día anterior, sábado, al tomar el avión en el aeropuerto de Dire Dawa.  Desde entonces, desde la madrugada del sábado tan solo había dormido tres horas en el hotel de Addis Ababa.  Estaba cansado pero no quería dormir para poder hacerlo en el tren, que para eso me había cogido un camarote con cama y cuarto de baño.

David no estaba pero me había dejado las llaves de su piso en la farmacia de abajo que está permanentemente abierta.  Lo primero que hice fue buscar en la maleta la ropa de invierno, al hacerlo un olor a café se desparramó por el apartamento.  De nuevo  en Etiopía, inevitable.  El olor es una de las llaves en los recuerdos.  Pero tampoco me detuve, necesitaba la ropa  de abrigo.  En Madrid hacía un frio de invierno castellano, seco pero de bajas temperaturas, necesitaba el abrigo, un jersey gordo, la bufanda y la gorra.  En el taxi ya me había dado cuenta de que eran insuficientes el jersey y el niki de manga corta.

Me fui a la calle , me tomé una pulguita de jamón, dos coca colas light y medio postre de dulce de leche.  Una comilona mientras ojeaba, de echar un ojo,  El País Semanal.  Al terminar, fui al  Vips a comprarme una tableta de chocolate.  Compré una de Lindt de chocolate con leche cremoso, y me fui al bar de al lado a tomarme una Coca Cola light.  Me senté en la terraza bajo el calor de una seta de butano, una de esas estufas altas que ponen ahora en las terrazas para rentabilizarlas en invierno.  En la mesa todavía estaba el importe de la consumición de los anteriores clientes.  Cuando vino la camarera, le sonreí lo mas dulcemente que pude y le dije que aquel dinero no era mío.  Eso ya lo se, me dijo en el tono seco y displicente de los camareros que están hartos.  Me sentí un idiota y por primera vez eché de menos a mis vecinos del barrio de Sabateña.  Al peluquero que se me ponía en pose para que le hiciera las fotos y que cada vez que me veía pasar por delante de su negocio, me saludaba siempre sonriente y con un gesto de ánimo o de victoria. Del carnicero, de la mujer del restaurante somalí, de la chica que cuidaba la mesa de billar, de los guardianes de la casa,de la cristiana del ciber, de la mujer del ultramarinos que me vendía las tarjetas para recargar el móvil, de la mujer que me hacía los desayunos al borde de la carretera, de la cocinera y los camareros del Elga 2 .  Y a todos los veía sonrientes, amables, pero no solo conmigo, sino con todos.  Parecía que obedecieran la consigna de disfrutar de la vida, tampoco tenían otra cosa.  Tu puta madre te va a dar propina, pensé.  Pero luego se la dejé porque se retrasaba en traerme la vuelta y yo ya hacía tiempo que quería volver a casa.

Tardaron las nueve y cuarto de la noche. Cuando le pedí al taxista que me llevara a la estación de Chamartín ya iba roto.   No indicaron la vía de la que salía el tren hotel hasta las diez y diez.  Y mientras tanto pasee el holl de la estación porque no era capaz de estar sentado.  A veces me pasa.  Soy incapaz de estarme quieto.  Ya en el camarote esperé a que el tren se pusiera en marcha para ir a cenar algo, la cena, es el tiempo que tiene el revisor para abrir la cama.  Apenas cené.  Pedí una ensalada de jamón y fruta pelada.  Pero empecé por una pastilla tranquimacín 0.50 por miedo a que el agotamiento no me dejara dormir.  La había incluido en mi botiquín de urgencia por si me entraba el pánico en algún vuelo.  El efecto fue tan inmediato que a la mañana siguiente fui a pedir perdón por haberme marchado sin tomar el postre ni haber preguntado por el precio de la cena.  No recordaba nada,  solo esperaba que no me hubiera tenido que acostar el revisor.

Por la noche me pase el tiempo haciendo un reportaje fotográfico a un hotel de Dire Dawa que estaba prácticamente en ruinas.  Pero fue cuando unos clientes se empeñaron en salir en las fotos cuando percibí con claridad que aquellos movimientos que nos zarandeaban era en realidad un terremoto.  Salí por piernas no sin antes advertir a los clientes de lo que estaba ocurriendo.  Cuando el zarandeo fue mayor me desperté y tomé conciencia de que estaba en la cama del tren de vuelta a casa.  Y era ya la hora de levantarme, las cinco y media. Lo hice con parsimonia y fui el primero en llegar al vagón restaurante. De nuevo esa indiferencia desagradable como respuesta a mis palabras de excusa por lo de la noche anterior.  Le pedí un zumo de naranja, natural.  No.  Pues entonces no desayunaré.  Al final me decidí por un poco de pan con jamón, me dijeron que no hacían bocadillos,  y una coca cola.  Bueno, estaba llegando a casa, el tiempo y la amabilidad del personal me iban acercando a una realidad que yo sabía que no siempre iba a ser tan dura.

Antes de alcanzar Santiago ya recibí un watssApp de mi fanincondicional en el que me enviaba una foto del andén  desierto de la estación con el texto, han pasado 31 días.  Ya estoy en casa, me dije.
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Dieciocho de enero

DSC_0635Hoy nos sorprendió una procesión cuando íbamos a comprar recuerdos.  Es inútil que me ponga a describirla porque no sabría como hacerlo.  En los ortodoxos no distingo a un obispo de un monaguillo y podría resultar irreverente. Pero los fieles me parecieron los únicos creyentes de la procesión.  Eran los que ponían ganas y entusiasmo cantando y dando palmas.  Los que iban por el medio de la marcha iban como mas distraídos como haciendo un trabajo con desgana.  Incluso a algunos se les ve hablando por el móvil. Claro que en el libro de instrucción de los móviles debería de venir indicado cuando no se deben de utilizar.  Por ejemplo, cuando vaya usted presidiendo una procesión o llevando el pendón o el estandarte o de acompañante.DSC_0593DSC_0640

Claro que si dejamos esas cosas en manos de las telef’onicas, pues nunca verán mal que se utilice el móvil, incluso si se hace en plena procesión, porque la pela es la pela.  Y además siempre nos queda la duda, a los que miramos, si estará hablando con el de meteorología, con el de tráfico o con su arzobispo. En fin, que no me da para mas esto de la procesión porque tampoco sé a santo de que venía i cual era el motivo procesional.DSC_0616

DSC_0619LDSC_0588o de la procesión fue la nota de color de la jornada y por sorpresa en un día que estaba dedicado a hacer la maleta y a la compra de recuerdos.  Recuerdos que yo nunca soy partidario de comprar y mucho menos dedicarle un día del viaje a semejante cosa.  La mitad de las veces te presentas en casa con un montón de cosas que ya olvidaste de cual era para quien. Y lo peor es que al verlas todo el mundo se ponga a hacer el avión esperando que eso que acabas de desempaquetar no le toque a él.  No, a mi no, a mi no, eso a mi no, le va a quedar mejor a…  No, para mi no, para mi no…DSC_0661

Qué puede uno comprar en Etiopía que le haga ilusión a las personas que conoces.  Pues nada que compense el esfuerzo de ir con una bolsa de mano 24 horas de viaje, o que te obligue a pagar un sobrepeso en el avión.  Nada.  Ni las bolsas de medio kilo de café de Etiopía.  Pero el cooperante, que debió de aprender en un libro de buen comportamiento como deben de mantenerse las relaciones familiares, casi me obligó a llevar algo de regalo para cada miembro de la familia.  Un desastre.  Lo único bueno de todo es que en total, no me habré gastado ni cincuenta euros.  Y si en el avión no me lo dejan pasar, pues en el aeropuerto se queda y santas pascuas.  Que qué mejor puede haber que un buen abrazo y unos besos en el reencuentro.DSC_0577

Pero si la nota de color fue la procesión,  el sobre salto del día me lo llevé después de hacerle una foto a una silla vacía que estaba situada en la acera.  Una silla vieja y rota, remendada con unas cuerdas, que hubiera dado por abandonada sino fuera porque en ella había visto sentada a una de los chicas de la ora, o como se llame en Etiopía,  que yo retraté y porque hoy, justo al lado, tenía los bártulos de un limpiabotas.  Me pareció muy emblemática de la situación del país y le hice una foto.  Ese fue mi error, una sola foto.  Acababa de pasar al lado de un hombre que estaba tirado en la acera y de hacerle una fotografía, cuando me encontré con la silla.  No lo dudé ni un segundo.  Una silla destrozada, que en el lugar de sentarse, en vez de una tabla, tenía puestas dos cuerdas.  Era un ejemplo de hasta donde llegaba la pobreza.  Le hice una sola foto y seguí andando.  A los 15 o 20 metros había otro hombre tirado en la acera que me pareció que dormía.  Me paré y le hice un par de fotos.  Era la hora de la comida, el Elga Café ya había cerrado y había poca gente en la calle.  Y por eso oí con claridad una voz enérgica que parecía dar órdenes.  Me di la vuelta por curiosidad y tardé en adivinar de donde procedía.  Era de una mujer, baja, vestida con camisa y pantalón vaquero que se dirigía a mi hablándome en un perfecto e inteligible inglés.  Me pareció entenderle que no podía hacer fotos.  Pensé en el hombre tirado que había retratado en primer lugar, porque estaba muy cerca de la Oficina central de Correos etíope.  Y le respondí que no salía la imagen de la oficina.  Pero me dijo que no, que no era el hombre, que era la silla.  La silla? Le pregunté incrédulo.  No puedo retratar una silla vacía.  No, no se puede, está prohibido, me dijo muy enfadada.  Pero si queda muy bonita, le dije.  Y se enfadó mas e insistió en que esa foto estaba prohibida.  Y se lo creí, claro.  Un guardia me había llevado a detrás de una caseta  y me había echado un largo responso por hacerle una foto a un palacio a trescientos metros de distancia.  En Bahir Dar, que no lo conté, me prohibieron, por ordenanza militar y no se qué cuestión de seguridad nacional, hacerle una foto a un canal de agua, que procedía del Nilo, y lo mismo me había pasado a la salida de Dire Dawa en el camino a Harar.  Así que me lo creí, que algún secreto debía de tener aquella silla para que estuviera prohibido retratarla.  Y qué hacemos? Le pregunté.  Usted la borra ahora mismo o va usted detenido.  No me lo podía creer y aquella mujer no me enseñaba nada, solo un mal humor notable, una voz muy enérgica y mucho convencimiento de que podía incluso mandar que me fusilasen. Bueno, le dije en un perfecto castellano,  ahora mismo la borro que dentro de diez o quince minutos volveré por aquí y ya le haré otra.  Ok ? Ok, me dijo.  Y así hicimos.  Yo la borré y al cabo de un rato, desde la acera de enfrente le hice una foto.  No es tan buena y, además, ahora la silla tiene una chaqueta en el respaldo.DSC_0550

DSC_056A5DSC_0554Para unas cosas son muy mirados, es lo que tienen estos etíopes.  Hay cosas que no se pueden fotografiar y entre ellas está esa silla.  Sin embargo, después se esfuerzan por hacerte comprender una señal de stop en un cruce.  Y no tienen una, sino dos señales distintas para indicar que se debe hacer stop.DSC_0296DSC_0561

Después de haber borrado la foto te queda un poco de mal cuerpo por haberte dejado intimidar por una mujer que, solo me mostró su mal carácter y sus dotes de mando.  Me quedé pensando si debería de haberle pedido alguna justificación, algún carnet,  que abalara la autoridad que parecía ejercer.  Pero el mal cuerpo me duró poco, era la hora de la comida y como me voy mañana, los cooperantes pensaron en un homenaje.  Nos lo dimos, a base de lo de siempre, trocitos de carne de cabra y el Tegabino con enyera.  Y mucho pan.DSC_0559

Y como siempre nos fuimos a tomar café al continental, el que fue el primer hotel de Dire Dawa y que hoy está un poco destartalado.  Pero hay que mimarlo, tienen buen café y pronto caerá victima de la piqueta inmobiliaria, pues de las cuatro esquinas de ese cruce, la mitad ya han caído.  Allí nos enteramos de que la Heneiken se había hecho con una participación importante o total de la cerveza Harar.  Mira que tienen gracia estos etíopes eligen para marca de una cerveza el nombre de una ciudad en la que hay 84 mezquitas, desde donde se condena el consumo de alcohol.  Pues son así.DSC_0584

Por la tarde nos fuimos al triangle Hotel, el cooperante se bañó y yo anduve enredando en el ordenador porque no les funcionaba la wifi.  Después, antes de que anocheciera, que lo hace sobre las seis de la tarde, nos vinimos andando los cinco kilómetros que hay hasta casa  con la intención de dejar hecha la maleta antes de meterme en la cama.DSC_0265DSC_0271

Que mañana me vuelvo a casa, que mañana se cumplen 31 días que salí para venirme aquí, al corazón de África.DSC_0627DSC_0613DSC_0600DSC_0592DSC_0566DSC_0084

Diecisiete de enero

DSC_0455Etiopía vive un momento prolongado de exaltación del espíritu nacional.  Los colores de la bandera del país están por todas partes, en las cintas que llevan en el pelo las mujeres, en las muñecas de los hombres que se sientan en las terrazas de los mejores hoteles, en las defensas de los todoterrenos, en las camisas de los niños que visten de fiesta, pero también en los bajajs y en las gorras y en las camisetas de los trabajadores.  Por todas partes asoman y lucen los colores de la bandera de Etiopía.  Se llevan, están bien vistos, están de moda.  Si hay algo que le hace competencia es la foto del presidente fallecido en el pasado mes de agosto.  También está por todas partes, en los bares, en los salpicaderos de los taxis, en las chabolas, en los hoteles.  Es mas conocido ahora que cuando estaba vivo.  Yo juraría que incluso hay quien no lo sabe muerto.  Es la campaña de perpetuación del régimen que aquí no discute nadie.  No en balde, las fuerzas del gobierno mataron , hace menos de ocho años, a doscientas personas en los conflictos universitarios de entonces.  Un sistema drástico para acabar con la oposición.  Por eso en Jijiga no se hablaba del problema de los independentistas levantados en la región.  Por miedo.  Por eso en Dire Dawa nadie comenta la actualidad del país, pero si saben que Cataluña quiere la independencia.  La democracia es un invento moderno.  Incluso nosotros tan europeos y modernos recordamos cuando la estrenamos.  Muchísimo después de que el el Chambolo dejara de ir descalzo en la carro de toxo.DSC_0856DSC_0245

En uno de los cauces de rio que atraviesa la ciudad, en el pequeño, en el que está a medio camino entre nuestro barrio sabateña y el centro, nos encontramos a un hombre lavándose en un desagüe de aguas putrefactas y, ayer mismo, a otro llenando una botella.  Son la imagen extrema de la falta de higiene de este país.  DSC_0500

DSC_0317También nos encontramos a un perro muerto en la acera.  Casi putrefacto al que le asomaban ya los gusanos.  El olor era tan nauseabundo que le hice unas fotos deprisa porque me asfixiaba.  No eran buenas, y hoy, como nos caía de paso, le dije al cooperante que se retrasara un poco porque quería hacerle la foto cuando pasara al lado del perro, para que hubiera una referencia de su tamaño.  Porque me pareció un perro muy grande, por lo menos muy superior a los que callejean por aquí habitualmente.  Pues no estaba.  Alguien había decidido retirarlo.  Supusimos que podía estar oculto en uno de los montones de tierra que jalonan la carretera en ese tramo.  A propósito del perro veníamos hablando que como era posible que dejaran pudrirse un perro en el medio de las casas, que no hubiera un servicio de limpieza que evitara estas escenas y olores.  Pues lo había, ignoramos si improvisado o programado.  Pero el perro no estaba.  Entonces le recordé al cooperante que en Meis, una cabra estuvo muerta en la cuneta de la carreta que lleva a Barrantes  hasta que los perros y los raposos decidieron acabar con ella.DSC_0318

Hoy al medio día conocí a Hitler.  Vino a nuestra mesa en el restaurante donde comimos, vino zalamero pero tardamos en hacerle caso.  Por cierto el restaurante me pareció a mi el mejor de Dire Dawa.  Es que es del mismo dueño, me dijo uno de los cooperantes.  Jo, pues tiene un cuarto de baño mucho mejor, dije yo.  Y hablando y hablando me enteré cual es la escala de valores que utilizan los cooperantes para dar sus estrellas a los restaurantes.  El mejor es aquel en el que has comido muchas veces, mas de sesenta, y nunca te ha sentado mal la comida.  Y por ahora, solo hay uno.  El de hoy ocupaba una de esas casas que están a punto de cumplir cien años  con un pequeño jardín.  Me recordó las casas baratas de Santiago, las que hay al final de la Tenencia del Horreo (nombre con que se conoció a esta calle desde la Edad Media hasta que decidieron ponerle Gómez-Ulla, que es como se llama hoy. (Lección del profesor Gelabert).DSC_0453DSC_0446

Hitler vino a vernos.  Yo estuve a punto de darle una patada, bueno de hacerle un gesto para que se espantara, pero tampoco me hacía tanto daño.  Aquí hasta los gatos te acaban dando pena.  Y le dejé que anduviera entre nuestras piernas a la caza de lo que cayese de nuestra mesa, que no fue mucho.  Yo no me había dado cuenta del bigote corto que llevaba debajo de la nariz sino llego a oir al cooperante mas veterano decirle, márchate Hitler, márchate, no seas pesado.DSC_0448DSC_0447

Por cierto al acabar de comer, uno de los cooperantes que nos acompañaba decidió que nos prepararan la comida que había sobrado, la mía, que picaba de una manera insoportable, que nos la íbamos a llevar.  Nos la trajeron envuelta en papel de aluminio y dentro de una bolsa transparente.  Cuando salimos, nos rodearon unos siete u ocho niños que ya habían venido a saludarnos a la llegada.  El cooperante le entregó la bolsa con la comida a una mujer que tenía al octavo o noveno en el brazo.  Y todos dieron vivas a USA, que es como llaman al cooperante.  Y yo que creí que era para el perro.DSC_0435

Hoy seguí haciendo fotos a los vecinos.  Menos mal que me voy mañana.  Hoy fueron unas camareras del bar donde se encuentran muchas veces los cooperantes cuando salen de copas porque es el que mas oferta de wyskis, ginebras y rones tiene de todo Dire Dawa.  Yo estaba haciendo tiempo y ellas no tenían clientes, así que les hice las fotos.  También al local que es uno de los que alardea de su aficción al fútbol y como no podía ser menos allí estaba entre otras la bandera del Barcelona FC.DSC_0407DSC_0443DSC_0440

Pero de todos los vecinos que mas me sorprendieron que me llamaran para hacerle la foto, fue la de una vendedora de chat.  Me llamó desde la puerta de su local cuando yo iba por el otro lado de la calle.  Al principio no creí que me llamara a mi, pues no me pareció normal, uno de mis prejuicios locales,  que una mujer desconocida me hiciera señas desde la puerta de su casa para que me acercara.  Pero si, era por mi, estaba solo de este lado de la calle.  Foto, foto, foto, me decía tocándose el pecho.  Había dos hombres tirados en una colchoneta masticando chat que me hicieron señas de que a ellos no, y había una chica joven que se ría del atrevimiento de la mujer.  El sitio era pequeño.  Tan pequeño como los cuartos que dan a la calle, como ese, que utilizan para instalar las tiendas de ultramarinos, o los videoclubs, o las fruterías.  Entré y por supuesto que armé un estropicio, les tiré el recipiente que estaban utilizando para quemar incienso.  No era muy grande pero les esparcí el carbón ardiendo y el incienso por el suelo. Enseguida   salió la joven restándole importancia.  Me disculpé, pero pensé que seguiría qumándose en el suelo y quitando los malos olores que, por cierto,  ya estaban espantados.DSC_0489

DSC_0473Entre la vendedora de chat y otros chicos que acompañaban a unos hombres que estaban tumbados en la acera también consumiendo chat, me hicieron pasar el cabreo que me había cogido con un taxista que quiso cobrarme de más y que, al final me cobró, porque decidí pagarle lo mismo y bajarme antes de tiempo.  Después de haber acordado el precio, cosa que hay que hacer si eres turista o cooperante, y  siendo el doble de lo que le cobran a un vecino, a medio camino de  a donde íbamos quiso cambiar el acuerdo que teníamos, le dije que no, que habíamos pactado 20 birr por llevarme del centro a Sabateña.  Y que eran 20 y serían 20.  Y así fuimos discutiendo hasta que faltaban unos quinientos metros de lo que yo decía que era el final y como él insistía en cobrarme mas,  le dije que parara allí mismo, e hice ademán de bajarme en marcha, cosa que me resultaba imposible dada la velocidad a la que iba.  Pero, a la segunda amenaza paró.  Saqué los 20 birr acordados y se los tiré despectivamente en el asiento.  Algún problema? Me preguntó el muy cínico.  Problema?, hijo de puta, problema? Y me cagué en todos sus muertos, que es algo que aprendí a hacer en Sevilla.DSC_0330DSC_0344DSC_0362

Eran las tres de la tarde  y el sol era como el de ahí, esas tardes de agosto en que decimos que aprieta.  Pero me molestó mucho menos, aunque lo suficiente para arrepentirme de no haberme dejado estafar por el taxista porque al final el atraco no iba a superar los 50 cts de euro.  A lo que llegamos.  Pero cuando uno se hace etíope se hace etíope.  También me como lo que venden en la calle, esos triángulos de hojaldre frito rellenos de lentejas o de patata cocida y esas bolitas de masa que, por cierto, ayer que las compré poco después de encontrarnos con el perro putrefacto, eran diferentes, eran como empanadillas huecas, pero también sabían dulces.  Y me las dieron envueltas en una hoja de libreta con los ejercicios de un niño en amaharico.DSC_0504

Lo último, por fin logré retratar al pájaro que anida en el patio de delante de la casa del cooperante. Lo fotografié para que veais que bonitos son los pájaros que abundan tanto como los gorriones.  No es el que anida en casa, pero es igual.  A este lo retraté en el restaurante mientras se comía las migajas que debería de zamparse Hitler.  Pero lo habíamos mandado lejos.  El camarero había venido a espantarlo con una vara.DSC_0459DSC_0411DSC_0398DSC_0428DSC_0430DSC_0357DSC_0450

Diciseis de enero

DSC_0124En el mercado de Jijiga me encontré con personas que vendían un solo producto.  La mujer que traficaba con los tomates de su huerta, la que lo hacía con las lechugas y la que se apostaba detrás de dos carretillas de plátanos.  Tiendas mono producto. Había una mujer, que ni siquiera estaba en el centro, a la que se le podían contar las patatas que tenía a la venta.  Cuando no hay nada incluso unos céntimos son dinero.  Un hombre esperaba sentado en una silla a que la gente quisiera usar su báscula para cobrarle por decirle lo que pesaba.DSC_0056

En Dire Dawa también hay personas que esperan pacientemente sentadas aun lado de la acera a que alguien venga a comprarle una de las veinte bolsitas de cacahuetes pelados que tienen a la venta, a uno o dos birr cada una, según el tamaño.  Las hay que solo venden café, y te ofrecen de acompañante un puñado de palomitas sin sal.   El chat, que es esa planta alucinógena que aquí tiene permitido su consumo y su venta, es quizá la que mas puestos de mono producto tiene en Dire Dawa, algunos para mejorar su oferta disponen de un trozo de cartón o de una sucia colchoneta para que te tumbes a mascarla.  Hay también, casi siempre mujeres, quienes ofrecen unas ramas como de mimosas con unos frutos verdes y ovalados que yo probé y que apenas tienen sabor. Como tres mujeres que me encontré esta mañana que esperaban a sus clientes sentadas en unas sillas de plástico mientas exponían su producto en una mesita baja de madera, que, probablemente, habían sacado del salón de su casa.DSC_0029

Pero de todo los puestos monoproducto con que he tropezado esta mañana, quizá el que mas me sorprendió fue el del hombre que se dedica a arreglar pinchazos de ruedas.  Ahí estaba, sentado a la sombra de un árbol que crece en su local, esperando a sus clientes en compañía de un amigo o de un empleado.  Me pidió la foto y después de dar su visto bueno al resultado me invitó a retratar su taller, un motor que genera el aire para hinchar las ruedas y un pilón donde busca el lugar exacto de los pinchazos.  Trabajo no tenía mucho, pero a lo mejor era solo en ese momento en el que le tocó descansar.  Porque las carreteras como son de tierra son propicias para los pinchazos.DSC_0046DSC_0050

La primera foto de la mañana la hice al salir de casa.  Una mujer llevaba a su hija a la guardería que está en nuestra misma calle, iban delante y me pareció gracioso que la madre aprovechara la capucha de la sudadera que llevaba su hija para que fuera con la cabeza cubierta.  La niña iba a la moda como las cristianas pero cumplia con su norma musulmana.DSC_0171DSC_0061

La segunda fue a un niño que iba para el colegio y me llamó a gritos desde la puerta de su casa porque quería que le hiciera una foto.  Me  paso todo el día haciéndole fotos ala gente que me lo pide por la calle.  Les atrae tener ese momento en que requieren la atención de alguien de fuera y desconocido que , a lo mejor, es importante. Algunas las utilizo para colgarlas en este blog pero son mas las que duermen en el disco duro.DSC_0041DSC_0044

Y la tercera a unos chicos que estaban sentados al borde de la carretera, de la calle bulevar de doble sentido que lleva de Sabateña al centro de la ciudad.  La gracia de la foto es que en vez de estar sentados en el bordillo lo hacían sobre las latas/asiento que le habían cogido a la mujer que prepara tortas y sirve te y cafés  allí donde ellos están.  Lo malo es que me vieron y empezaron a pedirme que los retratara a todos y lo mismo querían los que fueron llegando desde todos los puntos de la calle desde los que se adivinaba que allí ocurría algo.  Llegaron a ser tantos y a armar tal trifulca que les pedí por favor, con gestos, que me atendieran.  Cuando la mayoría estaba en calma, me quité el audfífono y les hice ver que me había quedado sordo.  Se rieron y se disolvió la bronca.DSC_0018DSC_0158

Hoy decidí dar un largo paseo  La ciudad ha ido creciendo en los últimos años en dirección a nuestro barrio, Sabateña.  De hecho, es el último, el mas alejado del centro.  Para llegar a él, o para ir desde él al centro, solo hay dos caminos, dos carreteras  de doble dirección o bulevares  con una franja estrecha de tierra que algún día estará ajardinada, y los dos dibujan sobre el terreno una especie de ojo, estando en un extremo el centro y en el otro Sabateña.  La distancia por cualquiera de los dos está en torno a las cuatro o cinco kilómetros.  Y en toda esa distancia solo hay dos calles asfaltadas que unan los dos bulevares.  Una es en la que está el mercado del Zeido y la otra hacia la mitad del dibujo.   Hoy cogí por esa segunda, así que hice la mitad del recorrido por un bulevar y la otra mitad por el otro.  Justo esa calle nunca la había hecho a pié y por lo tanto no la tenía fotografiada.  Y valió la pena.DSC_0066

DSC_0072DSC_0076DSC_0078Me encontré con un carpintero que ya había terminado una cama que tenía expuesta y que resulta que es muy parecida a la que utilizo yo.  Me encontré a dos ancianas llevando juntas un negocio de ventas de productos del campo.   En una tienda de teléfonos móviles me encontré con dos chicos que llevaban las camisetas de Real Madrid y del Barcelona.  Se ven mucho, son frecuentes, quizá sean las que mas se ven por la calle, a parte de la que lleva los colores de la bandera de Etiopía, que no sé si es la camiseta de la selección o es simplemente por simpatía con su bandera, pues estos colore se llevan en gorros, camisetas, pantalones, sudaderas, en todo tipo de prendas de vestir.DSC_0114DSC_0144

Y me encontré con dos conocidos a los que tardé en reconocer.  El primero era el hombre que nos había venido a buscar al aeropuerto el primer día que llegamos de Addis Ababa.  Estaba tomando una cerveza y me llamó a gritos por un ventanal cuando yo pasaba por la acera.  Me invitó y le correspondí haciéndole una foto, a la que corrió a unirse la camarera.DSC_0096DSC_0148

El otro fue un hombre que me hablaba como si fuéramos amigos, lo que es habitual aquí, pero yo estaba confundido porque no lo identificaba.  Fue cuando dijo el nombre del barrio, Sabateña, cuando di por hecho que al menos él sabía quien era yo.  Nos saludamos efusivamente y procuré marcharme lo antes posible porque no entendía nada.  Fue mas tarde, yo estaba a cien metros, cuando se presentó conduciendo su bajaj, ofreciéndose a llevarme.   En una inteligente deducción concluí que era taxista y que seguramente nos habría llevado a casa. Le agradecí la oferta y le expliqué que hoy quería andar.DSC_0141DSC_0159DSC_0084

Pero de todo el día la mayor sorpresa la tuve al volver al Nilo Hotel, en el que había estado el día anterior y adonde me dirigí hoy para ver si me había caído por allí mi pendrive.  La camarera, nada mas verme, me cogió de la mano y me llevó a través del bar, de la terraza y del jardín, sin soltarme ni un momento, hasta la parte de atrás del edificio donde una mujer mayor, un poco más que yo, hablaba con dos hombres.  Les interrumpió y dijo algo, lo suficientemente interesante para que aquella mujer despidiera a los dos hombres y se quedara a solas conmigo.DSC_0218

En un principio pensé que me llevaban allí porque ella iba a ser la única capaz de entenderme en el asunto del pendrive.  Pero le importó un rábano mi pincho, aunque algo le dijo a la chica de que lo buscara, pero por el interés que puso di por hecho que allí nunca iba a aparecer.  La mujer hablaba inglés, francés e italiano, además de amaharico, lo cual debió de resultarle dolorosamente insuficiente para entendernos perfectamente.  Aun así viendo los esfuerzos que hacía traté de imaginar poco y entender lo más.  Había estado siete meses en Italia y algún tiempo en España, le gustaban los toros.  Hablamos de Etiopía, del sol y de la gente.  Y le dije que me llamaba la atención el carácter de los etíopes y me hizo gracia su respuesta, es que los españoles son muy peleones, me dijo. Si, pero a mi me gusta la gente pacífica.  Y del sol, también España lo tiene.  Si, si, le dije, pero yo soy justo de una esquina en la que casi siempre llueve, de Galicia.  Ah! Si, me dijo y fue cuando se puso hablarme de su viaje.DSC_0253DSC_0154

También me dijo que era la dueña del Hotel y que podría ir allí cuando quisiera y que, para empezar, entendí yo, lo que bebiera era por cuenta de la casa.  Muy agradecido, le dije y me despedí.  La mujer dijo algo y la gente que había por la casa lo fue repitiendo hasta que llegó al bar.   Allí pedí una Coca Cola y tuve que hacer diez fotos a la camarera y a su novio y a una chica que no quería hasta que decidió que estaría bien salir con el hijo de la dueña del hotel.  Se las hice, e incluso me sacaron a mi alguna, en la que salía en el medio de la camarera y su novio.  Pero salía yo tan blanco y con cara tan depravada que las borré todas. Las de ellos me parecieron movidas.DSC_0216

Pero si tuviera que señalar la foto dolorosa del día, sin duda la del hombre con la pata de palo tirado en la acera, junto al que pasa una mujer indiferente a la escena. Y no culpo a la mujer.  Es tan frecuente encontrarte a personas tiradas, dormidas, desfallecidas o muriéndose, que acaban siendo transparentes.  Se convierten en seres invisibles.  Y su drama,  su dolor, su fracaso, su derrota, no existe nada mas que para ellos.  Al final, posiblemente todos estemos solos.  Pero aquí la soledad parece que comienza mucho antes.DSC_0246

Hace unas líneas que os comentaba q e me había encontrado con una mujer que solamente vendía café.  Café preparado al estilo etíope.  Todo un lujo.  El grano lo tienen crudo y cuando tu decides tomarte un café, cogen lo suficiente para preparártelo, lo tuestan allí mismo delante de ti.  Y cuando está en su punto te lo ofrecen para que disfrutes de su aroma.  Después lo muelen, lo machacan en un mortero y te lo hacen al momento.  Para que no lo tomes solo suelen acompañarlo de un puñado de palomitas sin sal.DSC_0184DSC_0188

Comimos donde siempre, en ese que los cooperantes tienen por el mejor restaurante de Dire Dawa y donde los gatos te andan por entre las piernas esperando que caiga algo.  Comimos mucho, sobre todo pan y patatas fritas.  Por la tarde esperé a Javier en el Triangle Hotel y por estirar las piernas me pasee hasta la piscina.  Esa en la que nos bañamos, yo un día, pero él varias veces  y de la que incluso está pensando en hacerse socio.  El agua estaba turbia por el fondo, como siempre, y con el verdín después del tercer escalón.  Pero además me parecía como si hirviera, pensé que serían mosquitos; pero no logré averiguarlo.  Lo que si vi fue un bicho como muerto, flotando, del tamaño de medio pulgar.  Lo miré bien y cuando me acerqué se escapó a lo profundo buceando.  Pensé en Javier y en decírselo.  Y a lo mejor me lo callo, creo que le viene mejor hacer ejercicioDSC_0196DSC_0123DSC_0118DSC_0121DSC_0126

QUINCE DE ENERO

DSC_0027Hoy, después de comer, cuando iba andando hacia el Hotel Triangle, donde quedé con el cooperante después de su trabajo,  dos hombres jugaban la partida en un bar que hace esquina cien metros antes.  Me hizo gracia que tuviéramos la misma costumbre.  Ellos juegan a las damas y los de ahí, por poner un ejemplo, al dominó a cien metros del Hotel Compostela. Me pareció todo tan igual.  Con la diferencia de que ellos jugaban a las damas habiendo hecho un tablero con un cartón y un lápiz de colores y convertido en damas blancas unas chapas de cerveza boca arriba, y en damas negras las que iban boca abajo, o al revés.  Bueno y que la mesa era una caja y las sillas una piedra y un tres pies.  Esta es la foto, me dije, la que describe al país ante nuestros ojos.  Que imbécil fui, la diferencia estaba en los cien metros siguientes.  En los que había cuatro hombres tirados y una mujer, todo dientes de lo delgada que estaba, que se apretaba un pecho desnudo intentando sacarle una gota mas para su hijo que esperaba con la boca abierta como un pez. Y en el regazo tenía otro que me pareció rendido, pero diré dormido. No me resistí esta vez a darle dinero, muy poco, y no fui capaz de hacerle la foto aunque se hubiera dejado.DSC_0040

Tan pronto llegue a casa lo tercero que voy a haceres llamar a Celestino García Braña, el penúltimo decano del Colegio de Arquitectos de Galicia, para hablarle del peligro de demolición que corre el centro de DireDawa.  Ya se que la crisis sigue llevándose todo por delante, y que la solidaridad cayó hace tiempo.  Pero se puede empezar a hablar.  Hasta ahora tan solo dos parcelas han sido derribadas y a una tercera le acaban de poner la valla.  Están empezando y se puede llegar a tiempo si se tiene todo hablado cuando haya dinero.  En este país, Etiopía, con un crecimiento superior al 5%,  la construcción es un atractivo importante para generar dinero y puestos de trabajo.  Y ya sabemos a donde lleva hacer de la construcción también un motor de crecimiento y, por experiencia,  lo poco que se aprende en cabeza ajena,DSC_0019

DireDawa acaba de cumplir 110 años aunque nadie se haya parado a celebrarlo.  Esta ciudad nació como apeadero de la ciudad de Harar ante la elevada inversión que requería llevar el tren por las montañas que hay que cruzar para llegar allí.  Fueron los franceses los que se encargaron de construir la línea que uniría Addis Ababa y Djibuti, y fueron ellos los que decidieron la construcción de la ciudad.  Ignoro si la urbanización fue realizada de acuerdo al urbanismo del momento o si fue anticuada o adelantada.  No se, pero el resultado es hoy envidiable.  Manzanas de cuatro o seis casas en unas avenidas amplias y arboladas, con unas sombras muy deseadas en una ciudad que está permanentemente al sol.DSC_0020

El barrio que yo he estado fotografiando una mañana, hoy me he dado cuenta, empieza a ser derribado, porque en cada parcela puede edificarse un amplio edificio de apartamentos y oficinas, como ya se ha hecho en la única que se ha concluido el proyecto.  Hay otra en la que ya se han derribado los edificios, y una tercera que ya está cercada .  Es verdad que a la mayoría de las casas construidas hace cien años no se le ha aplicado ningún mantenimiento y están hechas una ruina.  Pero salvar este barrio, no solo es salvar la memoria y la historia de DireDawa, sino que es darle a la ciudad en un atractivo turístico.DSC_0023

DireDawa se empobreció mas ante la pérdida del tren por una mala gestión en un proyecto que pretendía mejorar la línea de ferrocarril y que estaba financiado por la Unión europea, con dinero de España e Italia, pero con la dirección del proyecto en manos de etíopes.  Fue un fracaso que acabó con la vía de ferrocarril cortada.  Ahora son los chinos los que han reanudado el trabajo.DSC_0026

DireDawa es una ciudad de paso, una estación en la línea de Addis Ababa a Djibuti, o una parada en el camino para ir a visitar la histórica ciudad de Harar.  La recuperación de su centro, manteniendo el diseño de los fundadores de la ciudad, le daría un atractivo turístico que ayudaría a potenciar toda la región.DSC_0100DSC_0108

Hoy me levanté temprano, muy temptano incluso para aquí en que el día empieza con la salida del sol,  y todavía no había gente por las calles.  Estaba el panadero que pasaba llamando  en cada tienda para dejar el pedido habitual. Desayuné solo, en el tenderete que está plantado frente a la granja de vacas y camellos y a la vuelta me encontré con un niño que llevaba una paloma debajo de la camiseta. Iba feliz, tanto que me pidió por favor que le fotografiara con su trofeo que llevaba atado a su muñeca con un trapo.DSC_0015DSC_0010

A media mañana me pasé por el Hotel Nilo, donde una mujer se paseaba con una bañera azul en la cabeza vendiendo frutos secos de los de  aquí, que mas se parecen a garbanzos y lentejas que a cacahuetes y pipas de girasol o calabaza.  En la terraza dos hombres me recitaronparte de la alineación del Barcelona y no me sorprendió.  Es mucha la gente que tiene a los equipos de futbol como referencia de España.  El otro día en Jijiga un trabajador de la Cáritas Etíope, no solo se sabía la alineación del Madrid sino que sufría solo con pensar que el Atlético iba por delante en la clasificación Y por supuesto que maldijo a Mouriño y salió en defensa de Casillas.  Sabía mas que yo, para eso no hay que saber mucho, pero estaba al tanto de las últimas noticias.También un taxista hace dos días al saber que era español me habló de las pretensiones de independencia de Cataluña.  Ese si que me dio la sorpresa.DSC_0005DSC_0030DSC_0029

Lo que me faltaba, en algún lugar de DireDawa se me cayó el pendrive y con él toda una copia de mi memoria etíope.  A lo mejor, el que lo encuentre puede darle una mejor utilidad que aquí sabe dios cual es.  Incluso puede acabar calzando una mesa en la terraza del Hotel Nilo.DSC_0037DSC_0016

Creo que una vez os hablé de los andamios que utilizan aquí en la  construcción, son varas de eucalipto que entrelazan y sujetan con clavos, que dan la impresión de ser endebles, aunque no lo sean, pero delatan sin error la poca seguridad que ofrecen.  Pues esa falta de previsión no es nada comparada con la que existe en las medidas de seguridad del tráfico.  Ya hablamos de las furgonetas donde llegamos a ir 19 personas y un niño de unos seis años  o de los autobuses que duplicaban en pasajeros el número de asientos.  Hoy os traigo dos fotos, la de un bajaj que lleva los niños al colegio y la de un padre que en su moto lleva a su niña en el depósito de la gasolina mientras él se protege con el casco de la obra mientras lleva el de la moto colgado del manillar.DSC_0025DSC_0018

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